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El Gallo Quirico

08/06/2011 Deja un comentario

Había una vez un gallo que se llamaba Quirico al que habían invitado a la boda del tío Perico.

Como era un poco presumido, para ir a la boda se lavó el cuerpo, se peinó la cresta y se preparó para ir bien vestido.

Cuando iba caminando, en una charca vio un gusanito que estaba nadando.

Pensó: Como he tardado tanto en prepararme, no he tenido tiempo del hambre calmarme.

Así que decidido se acercó donde el gusano, que estaba desprevenido.

Pero al ver a ese gallo tan bonito, el gusanito le preguntó: ¿A dónde vas, tan guapo, gallo Quirico?

El galló contestó: – A la boda del tío Perico.

– ¿Me llevas contigo? – le dijo el pequeño gusanito

– Claro, ven conmigo, escóndete en mi  pico.

Y así, el gallo Quirico se comió al gusanito. Con tan mala suerte que se manchó el pico.

Con el pico manchado y un poco contrariado, se acercó a una lechuga que estaba plantada, para que le limpiase la cara.

– ¿Lechugita, bonita, serías tan amable de limpiarme la carita?

– Claro, Quirico, ven aquí que te limpio el pico. Pero antes, responde, ¿sabes dónde el gusanito se esconde?

– ¿El gusanito? Si lo he visto, no me acuerdo.

Entonces, desde el buche de Quirico se pudo oír un grito:

– Me comiste gallo feo, como si fuese un fideo.

– Para llevarte en el pico a la boda del tío Quirico.

La lechuga al oír esto, se enfadó, y al gallo Quirico reprendió:

– Has querido engañarme, así que no te limpio, me niego a lavarte.

Y le dió un coscorrón al pobre gallo glotón.

El gallo Quirico se fue corriendo, y vio a una cabra que estaba comiendo.

– Buenos días, Señora Cabra, ¿podría darle un mordisco a la lechuga, que me ha chillado, pegado y no me presta ayuda?

– Claro que sí, pero antes responde, ¿sabes dónde el gusanito se esconde?

– ¿El gusanito? Si lo he visto, no me acuerdo.

Entonces, desde el buche de Quirico se pudo oír un grito:

– Me comiste gallo feo, como si fuese un fideo.

– Para llevarte en el pico a la boda del tío Quirico.

La cabra se enojó, y al pobre gallo una cornada le propinó.

– Toma gallo malo, por engañarme y por comerte al gusano.

El gallo se alejó cojeando, hasta que vio un palo que estaba dormitando.

– Buenos días, Señor Palo, ¿podría pegarle un golpe a la cabra, que no ha querido darle un mordisco a la lechuga, y me han chillado, corneado y no me prestan ayuda?

– Claro que sí, pero antes responde, ¿sabes dónde el gusanito se esconde?

– ¿El gusanito? Si lo he visto, no me acuerdo.

Entonces, desde el buche de Quirico se pudo oír un grito:

– Me comiste gallo feo, como si fuese un fideo.

– Para llevarte en el pico a la boda del tío Quirico.

El palo se enfadó, y al pobre gallo golpeó

– Toma gallo malo, por engañarme y por comerte al gusano.

El gallo se alejó, dolorido por los golpes, hasta que vio al fuego, que venía por el monte.

– Buenos días, Señor Fuego, ¿podría quemar al palo, que no ha querido pegarle un golpe a la cabra, que no ha querido darle un mordisco a la lechuga, y me han chillado, corneado, golpeado y no me prestan ayuda?

– Claro que sí, pero antes responde, ¿sabes dónde el gusanito se esconde?

– ¿El gusanito? Si lo he visto, no me acuerdo.

Entonces, desde el buche de Quirico se pudo oír un grito:

– Me comiste gallo feo, como si fuese un fideo.

– Para llevarte en el pico a la boda del tío Quirico.

El fuego se enfureció, y al pobre gallo quemó

– Te quemo gallo malo, por engañarme y comerte al gusano.

Quirico se alejó con las plumas chamuscadas, hasta que vio al agua, que caía en una cascada.

– Buenos días, Señora Agua, ¿podría apagar al fuego que no ha querido quemar al palo, que no ha querido pegarle un golpe a la cabra, que no ha querido darle un mordisco a la lechuga, y me han chillado, corneado, golpeado, quemado y no me prestan ayuda?

– Claro que sí, pero antes responde, ¿sabes dónde el gusanito se esconde?

– ¿El gusanito? Si lo he visto, no me acuerdo.

Entonces, desde el buche de Quirico se pudo oír un grito:

– Me comiste gallo feo, como si fuese un fideo.

– Para llevarte en el pico a la boda del tío Quirico.

El agua se encolerizó, y al pobre gallo mojó

– Te mojo gallo malo, por engañarme y comerte al gusano.

El gallo Quirico se fue empapado como una sopa, decidido a llegar como fuese a la boda.

Cuando al final a la casa del tío Perico llegó, y el cocinero  empapado, quemado, golpeado, triste y manchado le vió, del pescuezo le cogió y en la cazuela lo metió.

Y colorín colorete, por la chimenea sale un cohete.

Y colorín colorado, al final… ¿dónde está el gusano?

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Fin del Mundo

21/04/2011 Deja un comentario

No, no es que se acabe, creo.

Es un concurso que hay de microrrelatos sobre el fin del mundo. De 150 palabras. Y como me está dando problemas, aquí pongo el mío.

Aunque ahora que he leído las bases (por fin me ha dejado entrar) ésto no vale, que no se adapta a las normas del concurso por la temática, así que aquí lo dejo.

Maldito despertador. No, espera, es el teléfono. ¿A estas horas?…

¿El hospital? ¿¿familiares?? ¿!¿accidente?!?

No tengo tiempo para desayunar, apenas para vestirme. Corro a la calle a por el coche. Palpo el bolsillo. Me he dejado las llaves en casa. Todas. Busco mi cartera. La tengo. Paro un taxi y le doy el nombre del hospital.

Estoy delante de una camilla, llena de pitidos y zumbidos, repleta de tubos y cables. Y sangre, mucha. Lo que hay ahí debajo es mi hija. O algo que se le parece. La han atropellado en un paso de cebra. Y se han dado a la fuga. Mientras me relatan esto y me informan sobre la crítica situación de mi princesa, los coros de pitidos se transforman en uno, estridente. Me sacan de la habitación a la vez que entran muchas batas blancas. Al de un rato, salen. Todos. No me miran. Se acabó.

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Patitos

02/02/2011 Deja un comentario

Érase una vez una mamá que tenía cinco patitos.
Un día, los patitos salieron de casa.

Cinco patitos fueron a pasear, y en el campo se pusieron a jugar.

La mamá se quedó en casa haciendo la comida. A la hora de cenar la mamá les llamó para que volviesen

Mamá pato a sus hijos llamó: “Cuac, cuac, cuac, cuac” desde casa les gritó.

Los patitos oyeron a su mamá, y volvieron a casa corriendo.

Cinco patitos oyeron a mamá, pero uno no pudo llegar. Cuatro patitos volvieron a cenar.

Mamá pato, al ver que sólo había cuatro patitos, se preocupó. Estaba triste porque había perdido uno. Pero como los otros patitos querían cenar, pronto se olvidó.
Al día siguiente:

Cuatro patitos fueron a pasear, y en el río se pusieron a nadar.

La mamá se quedó en casa lavando la ropa. A la hora de cenar la mamá les llamó para que volviesen

Mamá pato a sus hijos llamó: “Cuac, cuac, cuac, cuac” desde casa les gritó.

Los patitos oyeron a su mamá, y volvieron a casa corriendo.

Cuatro patitos oyeron a mamá, pero uno no pudo llegar. Tres patitos volvieron a cenar.

Mamá pato, de nuevo se preocupó porque hoy faltaba otro patito. Estaba triste porque había perdido otro. Pero como los otros patitos metían mucho ruido, pronto se olvidó.

Al día siguiente:

Tres patitos fueron a pasear, y en el árbol se pusieron a trepar.

La mamá se quedó en casa limpiándola. A la hora de cenar la mamá les llamó para que volviesen

Mamá pato a sus hijos llamó: “Cuac, cuac, cuac, cuac” desde casa les gritó.

Los patitos oyeron a su mamá, y volvieron a casa corriendo.

Tres patitos oyeron a mamá, pero uno no pudo llegar. Dos patitos volvieron a cenar.

Mamá pato, estaba muy preocupada porque otro patito no había vuelto. Estaba muy triste. Pero como los otros patitos querían jugar, pronto se olvidó.

Al día siguiente:

Dos patitos fueron a pasear, y en el cielo se pusieron a volar.

La mamá se quedó en casa cosiendo la ropa. A la hora de cenar la mamá les llamó para que volviesen

Mamá pato a sus hijos llamó: “Cuac, cuac, cuac, cuac” desde casa les gritó.

Los patitos oyeron a su mamá, y volvieron a casa corriendo.

Dos patitos oyeron a mamá, pero uno no pudo llegar. Un patito volvió a cenar.

Mamá pato, estaba muy preocupada ya que sólo quedaba un patito. Estaba tristísima. Pero como el patito que quedaba quería irse a dormir con ella, pronto se olvidó.

Al día siguiente:

Un patito fue a pasear, y en el parque se puso a columpiar.

La mamá se quedó en casa haciendo un pastel. A la hora de cenar la mamá le llamó para que volviese

Mamá pato a su hijo llamó: “Cuac, cuac, cuac, cuac” desde casa le gritó.

El patito oyó a su mamá, y volvió a casa corriendo.

Un patito oyó a mamá, pero el pobre no pudo llegar. Ningún patito volvió a cenar.

Mamá pato, al ver que no volvía ninguno se asustó mucho, y decidió salir a buscarlos a todos.
Fue al parque y vio un patito. Y se animó.
Voló y descubrió a otro. Y se puso más contenta.
Trepó al árbol y bajó al tercero. Y ya no estaba triste.
Nadó en el rió y rescató al cuarto. Y se alegró mucho.
Buscó en el campo y encontró al quinto. Mamá pato estaba muy feliz.
Y todos volvieron a casa a cenar el rico pastel que había hecho mamá pato.

Cinco patitos van a cenar, y todos juntos se acostarán.

(cuento basado, ligeramente, en uno que nos contaron en el parque de bolas. Para muy peques y cantando las cursivas, claro que en el blog no he podido poner la canción, así que la tonadilla la dejo a la elección del narrador)

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Prueba superada

17/04/2010 Deja un comentario

Y es que ayer viernes, aunque parezca una bobada estaba un poco nervioso por una tontería.

Como teníamos que hacer varias gestiones, hemos aprovechado para ir a la guardería de las diablillas en la jornada de puertas abiertas. Para los que os preguntáis qué es eso, os diré que básicamente es ir a pasar un rato con ellos. Ya lo hicimos cuando la diablilla mayor estaba en su primer curso, y ahora que es su último año en la guardería queríamos volver..

Lo de nervioso es porque la idea era que contásemos un cuento o cantásemos una canción a todos los compis. Es decir, todos esos monstruitos delante tuyo, dispuestos a lanzarse a la yugular… Vamos, que notaba cierto reparo.

Una vez pasada la experiencia, sólo puedo decir una cosa: Si tenéis la oportunidad, hacedlo. Lo hemos pasado muy bien, y ellos parece que también.

Para empezar, han hecho la “asamblea” que es como la presentación de todos los días para situarles en su perdido mundo de las horas del día. El comienzo consiste en pasar lista, cantar algunas canciones y repasar algunas fichas: colores, letras, números, inglés,…

Luego me ha tocado contar el temido cuento, y he escogido Teo en Barco, ya que los cuentos de Teo son una debilidad que tengo desde pequeñito. Y la experiencia ha sido muy buena. En cuanto he empezado, estaban todos mirándome, sin quitarme el ojo de encima, atentos a lo que les iba a contar. No han perdido detalle. Un momento muy bueno.

Luego hemos estado jugando, haciendo construcciones con bloques, pintando, bailando, saltando,… Y al final, cuando nos teníamos que ir, todos han venido a darnos unos besos, y a preguntarnos por qué nos teníamos que ir.

Como he dicho al principio, un día muy bueno, disfrutando de nuestra diablilla y sus compis. A veces hasta parece que no está poseída!!! 😉

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A dormir

08/04/2010 Deja un comentario

Otro momento interesante en la convivencia con los pequeños demonios nuestros adorables hijos es la hora de acostarse.

De nuevo como todo en este mundo, tiene varias “versiones”:  método González, método Estivill,  método pout-purri.

Y de nuevo también, como en el caso de la comida, nosotros hemos tenido bastante suerte. Aunque sinceramente, me gusta pensar que a parte de la suerte es que hemos hecho algunas cosas bien 😉

El problema generalmente está en que no suele coincidir la hora a la que nos gustaría que se fuesen a la cama con su hora. Además, como en la mayoría de los casos el único rato que los padres pasan con los hijos es por la noche, lo que suele ocurrir es una mezcla de situaciones que suelen llevar al desastre:

– Por parte de los niños, éstos quieren estar el mayor tiempo posible con sus padres, pero por otro lado están muy cansados y tienen sueño, así que las rabietas están garantizadas. Además suele coincidir con el momento cena, que también suele ser fuente de conflictos

– Por parte de los padres, también quieren pasar tiempo con sus hijos, pero llegan cansados de todo el día de trabajo.

Con estas premisas, es fácil saber cuál va a ser el resultado: generalmente una bronca (mínimo) por noche. Consiguiendo además que los hijos se acuesten enfadados o llorando y los padres (de nuevo) con el sentimiento de culpa por no saber tratar a sus niños.

Si hacemos caso a González, más o menos nos aconseja que dejemos al niño dormir cuando quiera, que ya se regulará él. El problema de esto es que la mayoría tenemos que trabajar y muchos aprovechamos el momento en que se van a la cama para hacer las cosas de casa. Si las aplazamos (porque si se queda despierto es para estar con nosotros) al final los que vamos a estar intratables somos nosotros, ya que nos quitaremos horas de sueño.

Si por el contrario obedecemos a Estivill (básicamente nos dice eso en las primeras páginas, que hay que seguir al pie de la letra sus indicaciones sin desvíos. Señor, sí señor!!) podemos echar al enano a la cama y despreocuparnos. ¿que llora? muy fácil: entramos al cuarto, le decimos que no llore y nos vamos. ¿qué sigue llorando? lo mismo pero esperando un rato más antes de entrar. Al final se aburrirá o se dormirá y dejará de llorar. También dejará de pensar que somos sus padres y creerá que está en una casa de alquiler o algo así, pero bueno, así molesta menos. (¿se nota que no me gusta mucho el método estivill?)

En nuestro caso hemos optado por una decisión más salomónica. Conviene decir que somos de esas personas que nos vamos la cama pronto (antes de tener niños, raro era el día entre semana que nos daban las 23:00-23:30 fuera de la cama).

Por ello, la hora de irse a la cama suele ser entre las 20:00 y las 21:00. Y solemos dejar que, dentro de lo posible,  no sea nuestra elección el momento de irse a dormir. Sobre todo recalcando esta parte, para que vean que dentro de unos márgenes razonables, ellos pueden tomar decisiones y se les respeta.

Además, a la hora de acostarse, no tenemos reglas estrictas de obligatorio cumplimiento, y así este momento no es una sucesión de pasos preestablecidos, si no que es más una especie de “conversación” entre unos padres y sus hijos.

Lo que no suele faltar es el cuento de antes de dormir. Algo muy importante (bajo nuestro punto de vista) y que intentamos que sea participativo. Por ejemplo estos últimos días prefiere cuentos inventados sobre la marcha y que requieran su ayuda para poner nombres a los personajes y cosas varias.

Y otras cosas que solemos hacer y por la que algunos nos tacharían de los peores padres del mundo y que “ya veréis dentro de unos años como os arrepentís” son:

– primero, a la hora de dormir, si quiere (de momento sólo la mayor) que nos acostemos un poco con ella, nos metemos en su cama y al de un rato nos vamos. Nunca hemos tenido ningún problema.

– segundo, a la hora de despertarse o en medio de la noche, si quieren meterse en la cama con nosotros, las hacemos un hueco (aunque muchas veces es casi imposible compartir cama con esos sacos de ratones)

Hay muchos que dicen que luego no vas a poder sacarlas de la cama, o que así se malcrían. De momento (y en nuestra limitada experiencia) no tenemos nada que lamentar. Más bien al contrario.

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Vamos al ZOO

18/03/2010 Deja un comentario
El año pasado me apunté en la guardería a un taller de Cuenta-Cuentos.
Nos pidieron que preparásemos un cuento (que ya existiese o inventado) para luego contárselo a los niños. Y este es el que escribí. Al final no pude contarlo en público, así que aquí lo suelto.

Hola. Me llamo Alejandro, pero todos me llaman Alex: mis papás, mis abuelos, mis amigos del
colegio,… bueno, todos menos Iker, mi hermano pequeño que va a la guardería y me llama Lale.
Aunque no me importa que me llame así, porque yo le llamo Nano.
A mi me gustan mucho los fines de semana, porque así estoy más rato con mis papás y con Nano.
Y a veces vienen los abuelos a visitarnos.
Y comemos todos juntos. O nos vamos a pasar el día fuera de casa, como el fin de semana pasado que fuimos al zoo, a ver a los animales.
Yo ya había estado más veces, pero ésta era la primera vez que íbamos todos juntos; los cuatro: papá, mamá, Iker y yo.
Así le podía enseñar al pequeñajo todos los animales.
Por la mañana preparamos unos bocadillos y unas tortillas, y yo ayudé a mi mamá a guardarlo todo, mientras papá traía el coche. Y sin que se enterase mi mamá, metí unas chucherías en la bolsa de la comida. Bueno, al final resultó que sí que se había enterado, pero nos las comimos igual.
Nada más pasar la puerta nos hicieron una foto a los cuatro. Nos dijeron que estuviésemos quietos y que sonriéramos. Yo sonreí mucho, para que se viesen los huecos de los dientes que se me habían caído. Y en cuanto nos pudimos mover, cogí a Iker de la mano, y salí corriendo para que viese los pájaros que hay al principio. Nada más llegar, con muchas ganas de enseñarle todo, le dije:
– Nano mira. Nano mira. – mientras apuntaba con el dedo a los flamencos, patos, cisnes,…
Luego seguimos paseando hacia donde están las focas… o leones marinos (que hasta que no fui al zoo, yo no sabía que había leones que nadaban, pero no son los mismos), o algo parecido. Y nada más llegar, subiéndole a la valla para que viese mejor, le dije:
– Nano mira. Nano mira. – mientras apuntaba con el dedo a las focas, o leones, o lo que fuesen.
Después de ver cómo saltaban en la piscina las focas (o leones, o lo que fuesen) fuimos a la pequeña granja, donde hay animales que mis abuelitos conocen muy bien, pero que nosotros en la ciudad no vemos nunca. Hay vacas, ovejas, cerdos, gallinas,… ¡Y se pueden tocar!. Y nada más entrar, acercándole hasta poder tocar a los animales, le dije:
– Nano mira. Nano mira. – mientras apuntaba con el dedo a las vacas, ovejas, cerdos, gallinas,…
Aunque a Iker no le gustó mucho, y decía que ahí olía muy mal, así que nos fuimos a ver a los
delfines, que son unos animales que aunque viven en el agua están queriendo salir todo el rato. Nos sentamos en las sillas, lo más cerca posible de la piscina para ver si nos salpicaban. Cuando empezó la actuación, y los delfines dieron los primeros saltos, le cogí a mi hermano por los hombros y le dije:
– Nano mira. Nano mira. – mientras apuntaba con el dedo a los delfines y les seguía mientras
saltaban.
Seguimos todo el día corriendo de unos animales a otros. Bueno, yo corriendo y el Nano a ratos corriendo y a ratos sentado en la silla, porque todavía es pequeño y se cansa antes que yo.
Al día siguiente vinieron a comer a casa los abuelos, y nos preguntaron:
– ¿Habéis visto muchos animales?
Y el Nano dijo que no con la cabeza, así que los abuelitos le preguntaron:
– ¿Y entonces, qué has visto?
– ¡Muchos nanomira!

 

Descargar en pdf: Descargar 'Vamos al zoo'

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Una ayuda, por favor

13/03/2010 Deja un comentario
  • Buenos días. ¿Una ayudita, señora?.
  • ¿La pides o la ofreces? – contestó la anciana.
  • ¿Perdón?, ¿Cómo ha dicho? – preguntó el mendigo, un tanto extrañado, ya que la había oído, había entendido las palabras, pero no el sentido que quería darlas la señora.
  • Nada hijo, nada, un comentario sin más.
  • No, por favor, señora, es que no la he entendido bien. ¿Qué es lo que me ha preguntado?
  • Sólo a ver si la ayuda la pedías o la ofrecías. Una, que es una viuda, no es que pueda ir ayudando mucho por ahí, y sí que necesito, muchas veces, que alguien me eche una mano.

Así comenzó la conversación entre Luis, un mendigo a las puertas de la iglesia de un barrio cualquiera y Antonia, una anciana con una pensión que se acababa antes de cobrarla, con un marido que la había abandonado hacía muchos años, y con el que nunca había sido feliz, ya que la recriminaba el no haber tenido hijos, suponiendo, según la lógica machista, que el problema era ella.

Luego continuó en una cafetería que había en la esquina de la manzana donde estaba ubicada la parroquia. Fueron casi dos horas de intercambiar historias, vivencias, anécdotas,… hasta que llegó el momento de la despedida.

  • Bueno, señora, gracias por el café y la merienda. Y muchas más por la conversación. Aunque no todos, algunos indigentes preferimos esto a que nos den simplemente dinero. Nos hace sentir más personas.
  • Pero Luis, no me tiene que dar las gracias, si ha sido entretenido, además, ha tenido mucha paciencia aguantando los lamentos de una pobre viuda.
  • Si pasa otra vez por aquí, la siguiente merienda invito yo, vale?
  • Estaba pensando… – La mujer se calló, decidiendo si continuaba con lo que quería decir. Su corazón la incitaba a continuar, pero el cerebro la ponía una mordaza. Al final, debido al desgaste de los años, la cabeza se rindió, y el corazón venció.- ¿le apetece venir a cenar hoy a mi casa? Estos años atrás la noche de Navidad se me ha hecho muy cuesta arriba, yo sola en casa.
  • No sé, será una molestia para usted
  • Para nada. Además, se ha hecho tarde para ir al albergue, ¿no? Y como me ha dicho, con este frío se llena enseguida.
  • Está bien, pero con la condición de que me permita ayudarla.

Así, tras varios años de celebrar la Navidad sola en casa, Antonia tuvo con quien compartir los escasos alimentos que había podido comprar con su mísera pensión en una noche especial. Además, resultó que Luis era un buen cocinero, y consiguió hacer unos platos vistosos y sabrosos con los ingredientes que tenía a su disposición.

Después de la cena y de una larga sobremesa, Antonia preparó el sofá cama de la sala, pensado para las posibles visitas de parientes, visitas que nunca se habían producido porque su marido la había obligado a apartarse de su familia.

Al día siguiente, Luis, a petición de su anfitriona, se quedó también a comer, convencido con la excusa de que si no se lo terminaban entre los dos, Antonia debería tirar toda esa comida, y sería un despilfarro.

Pasaron los días, y el mendigo entró a formar parte de la rutina de la anciana. Por las mañanas la ayudaba con las tareas del hogar, al mediodía preparaba la comida, por la tarde la acompañaba en sus paseos y al anochecer veían juntos la televisión, comentando la mala programación que había hoy en día, hasta la hora de acostarse. A cambio, Antonia le había comprado alguna ropa nueva, algo a lo que en un primer momento Luis se negó, ya que según la dijo, ya abusaba bastante de su hospitalidad.

Una mañana, al levantarse la anciana de la cama vio que el sofá de la sala estaba vacío. Encima de la mesa camilla había un sobre, apoyado en un vaso con agua. Antonia cogió el sobre, lo abrió, sacó una hoja doblada en tres partes y comenzó a leerla, ajustándose las gafas.

Muchas gracias por estos días. Sin esperar nada a cambio ha compartido todo lo que tenía conmigo. Ahora tengo que irme. Le deseo lo mejor.

La anciana, para no caerse debido al temblor que de repente comenzó a recorrerle las piernas, se sentó en el sofá que tenía justo a su derecha, al lado de la mesita. Se sintió triste, ya que en estos días había hecho muy buena relación con Luis. Notó la garganta seca. Miró hacia su derecha y vio el vaso con agua que había preparado el mendigo. Mientras cogía el vaso le agradeció el gesto, el haberse imaginado que iba a necesitar un sorbo de agua al leer la noticia. Se llevó el vaso a los labios, dio un sorbo, a la vez que suspiraba. Cuando el líquido entró en su cuerpo, notó un gran sopor. Intentó dejar el vaso en la mesilla, pero antes de que su brazo llegase a la vertical de la mesa auxiliar, perdió el conocimiento, derramando el agua por la alfombra.

Pasadas varias horas, la anciana se despertó, sin saber el tiempo que había transcurrido, con un ligero dolor de cabeza y un tanto desorientada. Miró a su alrededor, y vio la nota en su regazo, el vaso en el suelo y empezó a recordar, y recordar,… y las imágenes que ahora ocupaban su memoria no eran las mismas que al levantarse de la cama ese día. Pero ella no lo sabía. Para ella, ahora, su vida había consistido en un matrimonio muy feliz, que se había amado profundamente hasta la muerte de él, por un ataque al corazón hacía unos años. Al principio fue duro soportarlo, pero ya lo tenía casi superado. También había sido agraciada con un hijo maravilloso, que la había dado dos nietos, pero que debido al trabajo de él habían tenido que salir al extranjero y ahora no tenían mucho trato.

Esa noche se acostó feliz, satisfecha con lo que había conseguido en la vida: una buena familia de la que podía estar orgullosa.

Descargar en pdf: Descargar 'Una ayuda, por favor'

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