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El Gallo Quirico

Había una vez un gallo que se llamaba Quirico al que habían invitado a la boda del tío Perico.

Como era un poco presumido, para ir a la boda se lavó el cuerpo, se peinó la cresta y se preparó para ir bien vestido.

Cuando iba caminando, en una charca vio un gusanito que estaba nadando.

Pensó: Como he tardado tanto en prepararme, no he tenido tiempo del hambre calmarme.

Así que decidido se acercó donde el gusano, que estaba desprevenido.

Pero al ver a ese gallo tan bonito, el gusanito le preguntó: ¿A dónde vas, tan guapo, gallo Quirico?

El galló contestó: – A la boda del tío Perico.

– ¿Me llevas contigo? – le dijo el pequeño gusanito

– Claro, ven conmigo, escóndete en mi  pico.

Y así, el gallo Quirico se comió al gusanito. Con tan mala suerte que se manchó el pico.

Con el pico manchado y un poco contrariado, se acercó a una lechuga que estaba plantada, para que le limpiase la cara.

– ¿Lechugita, bonita, serías tan amable de limpiarme la carita?

– Claro, Quirico, ven aquí que te limpio el pico. Pero antes, responde, ¿sabes dónde el gusanito se esconde?

– ¿El gusanito? Si lo he visto, no me acuerdo.

Entonces, desde el buche de Quirico se pudo oír un grito:

– Me comiste gallo feo, como si fuese un fideo.

– Para llevarte en el pico a la boda del tío Quirico.

La lechuga al oír esto, se enfadó, y al gallo Quirico reprendió:

– Has querido engañarme, así que no te limpio, me niego a lavarte.

Y le dió un coscorrón al pobre gallo glotón.

El gallo Quirico se fue corriendo, y vio a una cabra que estaba comiendo.

– Buenos días, Señora Cabra, ¿podría darle un mordisco a la lechuga, que me ha chillado, pegado y no me presta ayuda?

– Claro que sí, pero antes responde, ¿sabes dónde el gusanito se esconde?

– ¿El gusanito? Si lo he visto, no me acuerdo.

Entonces, desde el buche de Quirico se pudo oír un grito:

– Me comiste gallo feo, como si fuese un fideo.

– Para llevarte en el pico a la boda del tío Quirico.

La cabra se enojó, y al pobre gallo una cornada le propinó.

– Toma gallo malo, por engañarme y por comerte al gusano.

El gallo se alejó cojeando, hasta que vio un palo que estaba dormitando.

– Buenos días, Señor Palo, ¿podría pegarle un golpe a la cabra, que no ha querido darle un mordisco a la lechuga, y me han chillado, corneado y no me prestan ayuda?

– Claro que sí, pero antes responde, ¿sabes dónde el gusanito se esconde?

– ¿El gusanito? Si lo he visto, no me acuerdo.

Entonces, desde el buche de Quirico se pudo oír un grito:

– Me comiste gallo feo, como si fuese un fideo.

– Para llevarte en el pico a la boda del tío Quirico.

El palo se enfadó, y al pobre gallo golpeó

– Toma gallo malo, por engañarme y por comerte al gusano.

El gallo se alejó, dolorido por los golpes, hasta que vio al fuego, que venía por el monte.

– Buenos días, Señor Fuego, ¿podría quemar al palo, que no ha querido pegarle un golpe a la cabra, que no ha querido darle un mordisco a la lechuga, y me han chillado, corneado, golpeado y no me prestan ayuda?

– Claro que sí, pero antes responde, ¿sabes dónde el gusanito se esconde?

– ¿El gusanito? Si lo he visto, no me acuerdo.

Entonces, desde el buche de Quirico se pudo oír un grito:

– Me comiste gallo feo, como si fuese un fideo.

– Para llevarte en el pico a la boda del tío Quirico.

El fuego se enfureció, y al pobre gallo quemó

– Te quemo gallo malo, por engañarme y comerte al gusano.

Quirico se alejó con las plumas chamuscadas, hasta que vio al agua, que caía en una cascada.

– Buenos días, Señora Agua, ¿podría apagar al fuego que no ha querido quemar al palo, que no ha querido pegarle un golpe a la cabra, que no ha querido darle un mordisco a la lechuga, y me han chillado, corneado, golpeado, quemado y no me prestan ayuda?

– Claro que sí, pero antes responde, ¿sabes dónde el gusanito se esconde?

– ¿El gusanito? Si lo he visto, no me acuerdo.

Entonces, desde el buche de Quirico se pudo oír un grito:

– Me comiste gallo feo, como si fuese un fideo.

– Para llevarte en el pico a la boda del tío Quirico.

El agua se encolerizó, y al pobre gallo mojó

– Te mojo gallo malo, por engañarme y comerte al gusano.

El gallo Quirico se fue empapado como una sopa, decidido a llegar como fuese a la boda.

Cuando al final a la casa del tío Perico llegó, y el cocinero  empapado, quemado, golpeado, triste y manchado le vió, del pescuezo le cogió y en la cazuela lo metió.

Y colorín colorete, por la chimenea sale un cohete.

Y colorín colorado, al final… ¿dónde está el gusano?

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