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Posts Tagged ‘usaurios’

Improvisando

19/07/2012 Deja un comentario

Aunque esta entrada podría tratar perfectamente por el título de las decisiones del gobierno, va a versar sobre los bienamados y amigables usuarios.

Suena el teléfono y, a pesar de que sé casi seguro quién esta al otro lado y tengo tantas ganas de contestar como de comer una ensalada de ortigas sin aliñar ni ná, levanto el auricular.

– ¿Sí?

– Hola. ¿Está el pringao_de_los_marrones? – No utiliza ese sobrenombre, pero es lo que está pensando. Lo sé.

– Sí, soy yo.

– Ah, ¿estás ahí? – Las palabras suelen tardar varios segundos en encontrar el cerebro, dadas las dimensiones del recinto en el que deben buscar.

– Sí, por eso he dicho que soy yo.

– Ah, ¿no estás de vacaciones? –

– Pues… no. Igual que toda esta semana – He hablado con este “ser” varias veces la misma semana, incluso el día anterior. Y cada día se ha sorprendido de no encontrarme de vacaciones. Hasta cuando ha llamado más de una vez en el mismo día.

– Bueno, era para ver si estaban los cambios.

– Sí. Y ya quedamos en que cuando tuvieras un rato, los podíamos ver. Hace un mes – Sí, un mes esperando para revisar unos cambios urgentísimos. En flin.

– Vale, ¿y los puedo ver? – 5, 4, 3, 2, 1, 0… Creo que ya le puedo lanzar más palabras, que la frase anterior calculo que habrá llegado a su destino.

– Cuando quieras.

[…] pasan unos segundos […]

– Pues no veo los cambios.

– Ya. Es que el cuando quieras, me refería que cuando te venga bien podemos verlos en desarrollo… antes de subirlos a real.

– Ah… – tic-tac, tic-tac – no, pues súbelos ya y les echo un vistazo.

– ¿seguro? ¿sin verlos antes ni nada? ¿no queréis hacer pruebas antes para ver si es lo que queréis o necesitáis?

– No, tranquilo, nos fiamos de lo que hayas hecho. – Vaya, se agradece el voto de confianza… si no fuese porque seguramente ahora le corre prisa porque le han apretado las tuercas desde arriba.

– Bueno, vale. En media hora está en real.

– Vale, pues luego lo vemos y hablamos.

– Ok

Lo subo, pasan unos minutos y suena el teléfono.

– Tenemos un problema

– Hola, ¿quién es?

– Sí, hola, que con los cambios, ahora hay un problema.

– A ver, ¿qué pasa?

– Es que se has puesto unas comprobaciones, y los usuarios se han quejado de que no puede continuar si no rellenan los campos obligatorios.

– Ya, es que para eso son obligatorios. Para que los rellenen y no puedan hacer nada más si no están cumplimentados, porque luego los necesitáis vosotros para facturar y seguir haciendo cosas, ¿no? Porque lo habéis pedido así.

– Bueno, sí, pero es que se están quejando.

– Claro que se quejan, porque antes no tenían que rellenarlos y el trabajo recaía sobre vosotros. Ahora lo tienen que hacer ellos.  ¿Cómo quieres que lo deje, sin comprobación o qué?

– No sé. Sin comprobación. Bueno, o con. No sé. Espera… … …

– Mira, y si pongo un aviso de que no deben dejarlo en blanco, ¿pero les permito continuar?

– Sí, sí, sí, sí, sí. Vale.

– Pero sabes que no lo van a rellenar, ¿no? Al menos no la mayoría.

– Bueno, es igual, pero que puedan continuar.

– Ok. Te aviso cuando esté.

Pasan pocos minutos. Riiing, riiiiiiiiiiing

– Hay más problemas. No funciona nada.

– Hola otra vez.

– Sí, hola. Que hay usuarios que no pueden hacer nada.

– No, nada no.  – ya sé por dónde vienes – Pueden hacer cosas, pero se decidió que había otras para las que se requería un permiso especial.

– Ya, pero es que los que suelen rellenarlo, no tienen ese permiso.

– Pues entonces lo que funciona mal es la organización, no la aplicación.

– ¿La qué?

– Nada, que cómo queréis que quede todo.

– No sé, no sé, no sé. ¿Que puedan hacerlo todo?

– Es decir, darles un nivel de acceso mayor.

– Nonononononono, eso no.

– ¿Entonces?

– Dejarlo como antes. Tenemos que pensarlo.

– Ah, ¿pero entonces esto se había hecho sin pensar?

– ¿Cómo? Es igual. Que se quede todo como antes.

– Ok. Te aviso.

Y después de dejarlo como estaba, más llamadas porque faltan cosas. Vamos, porque faltaba lo nuevo.

Creo que en una vida anterior he debido de ser muy malo.

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No funciona nada

18/06/2011 5 comentarios

– Oye, mira, que no funciona esto. ¿Vienes?

Las voces se oyen por toda la planta, ya que para qué acercarse o utilizar esos aparatos modernos denominados teléfonos, estando la voz, ¿no?. Me acerco. Aunque no tengo mala voz, no me gusta andar gritando en el lugar de trabajo.

– ¿Qué es “ésto”?

– Pues que cuando hago una petición, sale mi nombre.

– ¿Con qué usuario estás accediendo?

– Con el mío.

– ¿Y te parece extraño que salga tu nombre?

– Pero es que la petición es para otra persona.

– Ya, y eso la máquina lo tiene que adivinar, ¿no?

– Pero es que está mal, tendría que poner otro nombre, no el mío.

– ¿Ves el botón de al lado del nombre, en el que pone “seleccionar usuario”? Púlsalo a ver qué pasa.

– Ah, puedo cambiar el nombre. Bueno, pero eso no era el problema.

– No, ya lo sé. Es que eso no es un problema. Al menos no de la aplicación.

– ¿Cómo? Bueno, es igual. El caso es que mira, la aplicación no funciona.

– Yastamos. Es curioso. De los más de 500 usuarios, sólo hay 1 al que le da problemas.

– Eso seguro que es porque el resto no la usa, o hace cosas más sencillas. Es que lo mío es muy complicado.

– Y que lo digas.

– El caso es que aquí me sale un código de petición, pero no corresponde con la que tiene que ser.

– No entiendo.

– Pues sí, mira. Si creo una nueva, me sale un código de petición. Y tendría que salir este código. O al menos uno de estos.

Me enseña una hoja impresa de un listado de peticiones. Todas procesadas con la aplicación que está manejando.

– Perdona, pero es que lo que te presenta el ordenador ahí es el código nuevo de una petición nueva, que se crea al pulsar el botón de “nueva petición”. Y lo que tienes en la mano son peticiones ya realizadas.

– Pero la petición es como una que ya he hecho. ¿Por qué no me sale el mismo número?

– Pues porque la petición que estás creando es nueva. Y el listado es de peticiones ya creadas.

– Bueno, pero ¿no podría darme el mismo número?

– No.

– Pues lo que yo decía. ¿No ves cómo funciona mal?

(la mato, no la mato, la mato, no la mato,…)

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Pidiendo por esa boquita

12/04/2011 Deja un comentario

– Hola buenas, quería comprar un avión con este dinero.

– Sí, mire, la tienda de juguetes es ahí enfrente.

– ¿Pero cómo juguetes? Si yo quiero un avión de verdad, un jumbo o algo así.

– Pues creo que no ha empezado muy bien: No creo que 42,6 euros sea suficiente dinero. Además esto es una panadería.

Ante una situación así, todos pensamos que el “loco” es el “cliente”.

Si cambiamos panadero por informático obtenemos justo lo contrario.

Y sí, me estoy repitiendo últimamente con el tema, pero jodó, dejadme alguna válvula de escape, no?

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Peticiones

11/04/2011 1 comentario

– Hola figura, ¿qué tal?

Cuando vienen así, dan ganas de pulsar el botón de “levantar valla electrificada”. Lástima que lo más parecido que tenga sea el volumen de la música. Y no da el mismo resultado. (Dependiendo de qué suene, claro)

– ¿Qué quieres?

– No te andas por las ramas, eh?

– Es lo mal de tener cosas que hacer, que no puedo distraerme con tonterías.

– Bueno, vale, te digo: ¿En cuánto tiempo nos puedes hacer un informe?

– Pues depende.

– Ya, pero es que necesitamos fechas, para pasar una estimación de cuándo estará hecho.

– No, si lo entiendo. Pero es que no me has dicho qué informe quieres.

– Pues uno, con varios gráficos y luego unas tablas, con los datos que vayamos viendo.

– Es decir, que todavía no sabéis qué queréis, pero yo te tengo que dar fechas para hacer “algo”, ¿no?

– Pero tú ya habrás hecho informes, y sabrás lo que se tarda, no?

– Sí, claro. Entre dos días y 3 semanas.

– No, eso no me sirve. Tienes que concretar más.

– Pero es que yo no puedo concretar si vosotros no concretáis.

– Pero si ya te he dicho, que unos gráficos, unas tablas y poco más.

– Vale, pues tres semanas desde que me paséis lo que queréis.

– Puf, eso es demasiado tiempo. Ya veremos.

Y se va tan pancho. De verdad, serán para todo así: ¿si entran a un restaurante piden “comida” sin más ? ¿O en el corteinglés se acercan a una dependienta y piden “algo”?

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Cuando piensas que nada puede ir peor…

08/04/2011 Deja un comentario

viene un usaurio y te dice… cualquier cosa.

Si un usaurio habla con los informáticos NUNCA es para nada bueno.

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tengo absolutamente claro lo que quiero… o no

16/12/2010 6 comentarios

Volvemos a la olvidada saga de las peleas con los tan temidos usaurios.

La primera regla de oro es nunca intentes discutir con uno de ellos. Nunca vas a tener razón, ni aunque presentes pruebas por escrito.

Aunque claro, nada es tan fácil como simplemente seguir esa norma, ya que de hacerlo puedes entrar en un bucle sin fin que te cortocircuite las 3 neuronas al intentar hacerle caso en todas sus (contradictorias) peticiones.

De muestra un botón. O un abrigo entero.

– Qué pasa maestro.

Jodó, cuando entran así, casi preifiero que directamente me maten. Van a pedir algo que ni ellos mismos saben qué ni cómo lo quieren.

– Buenas, dime qué quieres que cambie en la aplicación.

– Pero bueno, tío, no te pongas. ¿Por qué crees que vengo a pedir algo?

– Básicamente porque en los 10 años que llevo aquí, sólo me has dirigido la palabra para pedir cambios y/o resolver marrones con la aplicación.

– Te has levantado de mala leche hoy, eh? Bueno, pues nada

– Cómo, ¿que te vas a ir sin pedir nada?

– No, que voy a pedir directamente sin rodeos.

– Vale, así ninguno de los dos perderá el tiempo.

– Mira, que queremos que en la aplicación que controla las entradas de fulleneros metas un contador.

– ¿Un contador? ¿nada más?

– No, sólo un contador. ¿Te extraña?

– Hombre, un poco sí, porque ya existe un contador en la aplicación. Además, me resulta sospechosamente sencillo.

– ¿Cómo sospechosamente? ¿qué quieres decir?

– Nada. Así que un contador…  y con los contadores que ya hay, ¿qué hago?

– Es que queremos un contador global, que los que hay ahora cuentan por grupos de fulleneros, y para saber los totales es un lío. Además necesitamos tener un control general súper necesario para las nuevas ISOs.

– Vale pero, ¿qué hago con los contadores que hay ahora?

– Quítalos.

– ¿Seguro? ¿Que se pierdan los contadores individuales? ¿Me lo mandas por escrito?

– Sí, sí. En un momento te lo mando.

Y efectivamente me lo envió en un mensaje. Pero como ya nos conocemos todos y no es la primera vez que me veo en una situación parecida, lo único que hice fue “ocultar” los contadores actuales, dejando visible sólo el nuevo global. Como me imaginaba, 3 segundos después de publicar los cambios, sonó el teléfono.

– Pero macho, qué has hecho!!! Que ahora no funciona nada.

Menos mal que hay usaurios que tienen la voz fácilmente reconocible. Y éste es un caso claro.

–  ¿Pero nada de nada? ¿Ni los ascensores ni la máquina de café ni nada?

– No te hagas el gracioso, que sabes de lo que te estoy hablando.

– Pues sinceramente, sí. Sé de lo que hablas. Pero porque soy bastante inteligente, ya que no me has dicho ni tu nombre ni me has dicho a qué parte del universo conocido te refieres con ese “nada”.

– Mira, tío, hay veces que no se te entiende nada. El caso es que has metido la pata y no funciona nada.

– No, si ya sabía yo que hacerte caso era meter la pata. Por eso te lo pedí por escrito. Y he hecho exactamente lo que ponías en el mensaje.

– Que no, que yo no he pedido esto.

– Mira, te leo: “meter un nuevo contador global y quitar los que hay ahora”

– Ya, pero es que ahora hay saltos en los números.

-¿saltos?

– Sí, mira, si ves el listado de fullerenos galopantes, del 1934 pasa al 1937 y luego al 1959… y así con todos.

– Ya, claro, porque estás mirando SÓLO los galopantes. Si vas al listado de todos, verás que no hay saltos.

– Pero, entonces, ¿cómo voy a saber, con el código de qué tipo es como nos pasaba antes?

– Ya, pero es lo que tiene un código único para todos.

-Pues necesito que pongas el otro código.

– Y ¿qué hago con el nuevo?

– Dejarlo, que estén los dos.

– Vale, y ¿quieres que en todos los listados se vean los dos códigos, sólo el nuevo o sólo el viejo?

– Eh… los dos.

– Vale

– Ah, por cierto, que todos los fulleneros que hemos dado de alta en este tiempo, tendrían que tener los códigos antiguos buenos.

– Bueno, ya veré qué puedo hacer. Pero tendré que ir mirando fechas de creación y demás para ver el orden correcto de los fulleneros que habéis generado.

Menos mal que me los conozco, y lo único que he hecho ha sido no mostrar los códigos viejos aunque los he seguido calculando. Pero claro, hay que darse un poco de bombo porque si resolverlo es fácil, no es porque la solución lo fuese, si no porque me adelanto a sus meteduras de pata.

Casi siempre.

– Oye figura, que esto es un lío.

– Sí, tienes más razón que un santo, pero creo que no nos referimos a lo mismo.

– Bueno, no sé a qué te refieres tú, pero ahora, esto con los dos códigos no hay quien lo maneje.

– ¿Por qué? ¿No son claras las listas en las que aparecen etiquetados como “código de toa la vida” y “código nuevo”?

– Es que al estar los dos códigos juntos, hay veces que nos confundimos y luego le asignamos el que no es.

– Mira, pues contra fallos humanos yo no puedo hacer nada. Os lo pensáis y me dices.

Al de unos días, recibo un mensaje (si supiese que el individuo podría llegar a tener vergüenza, pensaría que era por eso por lo que no me llama) que en resumidas cuentas decía más o menos:

“Quitar el contador nuevo y dejar los de antes”

Dedió ser que al intentar pensar en una posible solución (que se la podía haber dado yo, simplemente con listados separados por grupos con la numeración antigua y totales con la nueva, pero claro, llegar a esa conclusión es para nota) sufrío un esguince de meninges y después de unos días de reposo decidió volver a la situación de antes.

Lo malo son las horas desperdiciadas, lo “bueno” es que con usuarios así, es complicado que el resto nos quedemos sin trabajo. Espero que no se jubilen!!!

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Ni lo sé ni me importa

07/10/2010 4 comentarios

Hace unos cuantos días que no comento nada de usaurios ni demás fauna del apasionante mundo de la informática. Y no es que no haya historias, si no que la mayoría tienen que ver demasiado con problemas concretos. Pero hoy os voy a contar algo que, a pesar de tener que ver con una aplicación interna, deja bien claro el tipo de usuario que pulula por las empresas y contra el que tenemos que luchar muchas veces.

Viene el usaurio Modosillo, echando espumarajos por la boca. Pero no, no es que esté enfadado. Su neurona no llega a tanto. La babilla que suelta por la boca no es por mala leche, si no por la incapacidad de andar y controlar la saliba a la vez, con lo que se le quedan por la comisura unos restos blancos que hacen que sea bastante asqueroso mirarle a la cara. Por suerte, los informáticos tenemos fama de que no poseemos grandes dotes sociales, así que puedo hablar con él sin desviar la mirada de la pantalla.

– Qué es lo que ha pasado con esto.

– Hola, buenas. Teniendo en cuenta que no sé lo que es “esto”, como que no te puedo decir nada. – Mentira, sí que lo sé, ya que sólo maneja una aplicación, pero me gusta escuchar los engranajes de esa pobre neurona.

– Pues con este pedido, que está raro.

– Igual es que hoy se encuentra mal. Le has preguntado qué tal ha dormido?

– ¿Qué?

– Nada, que a ver qué le pasa, por qué está raro.

– Pues no sé, pero no está normal.

– No, si ya me imaginaba que estar raro era no estar normal, ¿pero algo más concreto?

– Pues que el pedido estaba ya recibido y “matado”, y ahora está pendiente de recibir.

– Vale… a ver… Sí, mira, lo habéis marcado como recibido y todo, pero luego lo habéis echado para atrás.

– ¿Y eso cómo lo sabes?

– Básicamente porque he entrado en el pedido y me leído la pantalla. Mira, donde pone histórico, ves?

– Bueno, vale, pero a ver por qué si está recibido, ahora está pendiente.

– Como ya te he dicho, porque lo habéis hecho vosotros. Mira, ¿ves estas letras? ¿Donde pone tu nombre al lado de “pasado a pendiente de recibir”?

– Sí, y qué.

– Pues que eso me dice que el que lo ha marcado como pendiente eres tú.

– No, si ya sé que lo he hecho yo. ¿Te crees que no sé lo que hago?

– Yo no me creo nada. Es lo que me has preguntado.

– El problema es por qué me deja hacer eso.

– Muy sencillo, porque lo habéis pedido vosotros.- Yo también me pregunto quién decidió en su día dejarte un ordenador, pero bueno.

– Pero no tendría que dejar. Si el pedido está entregado, está entregado. Punto.

– No, si a los usuarios normales no les deja. Pero uno de los cambios que habéis solicitado es que a vosotros, los administradores de la aplicación, os permita modificar el estado independientemente de cómo esté.

– Pero no tendría que dejarnos.

– Ya, ¿y si un usuario se confunde y hay que echar para atrás algo?

– Te lo decimos a tí.

– Ya, por eso. Después de que estuvieseis diariamente mareando con esos cambios, se solicitó que pudierais cambiar el estado, para no tener que depender de mí. ¿Te acuerdas del jaleo cuando me fui de vacaciones?

– Pero es que nosotros no deberíamos tocar eso.

Ni eso ni nada que sea medianamente electrónico, excepto una silla eléctrica.

– Ya, pero es que vosotros sois los que administráis la aplicación. Es vuestro trabajo.

– Pero es que tendría que aprenderme cómo funciona la aplicación.

– Hombre, teniendo en cuenta que es la única que manejas y que casi todo tu trabajo depende de ella, no estaría mal.

– Pues yo no voy a aprender cómo funciona.

– No, si con eso ya contábamos, por eso al pulsar el botón pide confirmación, explicando lo que puede pasar, mira.

– Noooo, no pulses el botón, que lo descuadras!!!!

– Tranquilo y lee el mensaje. Y luego mira que tienes dos opciones “Sí” y “No”.

– Vale. Pues quita el botón, para que no vuelva a pasar eso.

– Que no, que el botón no se quita. Si quieres, no lo uses, pero no se quita.

– Pues no voy a usar la aplicación. Y voy a decir que es porque no has hecho una buena aplicación.

– Hombre, puedes decir eso, pero teniendo en cuenta de que la usan en casi toda la empresa y al único usuario que le da problemas es a tí, no sé yo cómo ibas a quedar.

– Pues… no voy a aprender a usarla. Y te estaré mareando todos los días con problemas.

– Vale. Lo único que sepas que tengo que reportar mis horas. Y claro, una consulta de año en año no lo imputo, pero si son muchas tendré que reflejarlo en algún sitio.

– Pues…. pues…. adios.

– Venga, adios.

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