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A dormir

Otro momento interesante en la convivencia con los pequeños demonios nuestros adorables hijos es la hora de acostarse.

De nuevo como todo en este mundo, tiene varias “versiones”:  método González, método Estivill,  método pout-purri.

Y de nuevo también, como en el caso de la comida, nosotros hemos tenido bastante suerte. Aunque sinceramente, me gusta pensar que a parte de la suerte es que hemos hecho algunas cosas bien 😉

El problema generalmente está en que no suele coincidir la hora a la que nos gustaría que se fuesen a la cama con su hora. Además, como en la mayoría de los casos el único rato que los padres pasan con los hijos es por la noche, lo que suele ocurrir es una mezcla de situaciones que suelen llevar al desastre:

– Por parte de los niños, éstos quieren estar el mayor tiempo posible con sus padres, pero por otro lado están muy cansados y tienen sueño, así que las rabietas están garantizadas. Además suele coincidir con el momento cena, que también suele ser fuente de conflictos

– Por parte de los padres, también quieren pasar tiempo con sus hijos, pero llegan cansados de todo el día de trabajo.

Con estas premisas, es fácil saber cuál va a ser el resultado: generalmente una bronca (mínimo) por noche. Consiguiendo además que los hijos se acuesten enfadados o llorando y los padres (de nuevo) con el sentimiento de culpa por no saber tratar a sus niños.

Si hacemos caso a González, más o menos nos aconseja que dejemos al niño dormir cuando quiera, que ya se regulará él. El problema de esto es que la mayoría tenemos que trabajar y muchos aprovechamos el momento en que se van a la cama para hacer las cosas de casa. Si las aplazamos (porque si se queda despierto es para estar con nosotros) al final los que vamos a estar intratables somos nosotros, ya que nos quitaremos horas de sueño.

Si por el contrario obedecemos a Estivill (básicamente nos dice eso en las primeras páginas, que hay que seguir al pie de la letra sus indicaciones sin desvíos. Señor, sí señor!!) podemos echar al enano a la cama y despreocuparnos. ¿que llora? muy fácil: entramos al cuarto, le decimos que no llore y nos vamos. ¿qué sigue llorando? lo mismo pero esperando un rato más antes de entrar. Al final se aburrirá o se dormirá y dejará de llorar. También dejará de pensar que somos sus padres y creerá que está en una casa de alquiler o algo así, pero bueno, así molesta menos. (¿se nota que no me gusta mucho el método estivill?)

En nuestro caso hemos optado por una decisión más salomónica. Conviene decir que somos de esas personas que nos vamos la cama pronto (antes de tener niños, raro era el día entre semana que nos daban las 23:00-23:30 fuera de la cama).

Por ello, la hora de irse a la cama suele ser entre las 20:00 y las 21:00. Y solemos dejar que, dentro de lo posible,  no sea nuestra elección el momento de irse a dormir. Sobre todo recalcando esta parte, para que vean que dentro de unos márgenes razonables, ellos pueden tomar decisiones y se les respeta.

Además, a la hora de acostarse, no tenemos reglas estrictas de obligatorio cumplimiento, y así este momento no es una sucesión de pasos preestablecidos, si no que es más una especie de “conversación” entre unos padres y sus hijos.

Lo que no suele faltar es el cuento de antes de dormir. Algo muy importante (bajo nuestro punto de vista) y que intentamos que sea participativo. Por ejemplo estos últimos días prefiere cuentos inventados sobre la marcha y que requieran su ayuda para poner nombres a los personajes y cosas varias.

Y otras cosas que solemos hacer y por la que algunos nos tacharían de los peores padres del mundo y que “ya veréis dentro de unos años como os arrepentís” son:

– primero, a la hora de dormir, si quiere (de momento sólo la mayor) que nos acostemos un poco con ella, nos metemos en su cama y al de un rato nos vamos. Nunca hemos tenido ningún problema.

– segundo, a la hora de despertarse o en medio de la noche, si quieren meterse en la cama con nosotros, las hacemos un hueco (aunque muchas veces es casi imposible compartir cama con esos sacos de ratones)

Hay muchos que dicen que luego no vas a poder sacarlas de la cama, o que así se malcrían. De momento (y en nuestra limitada experiencia) no tenemos nada que lamentar. Más bien al contrario.

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