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Ni lo sé ni me importa

07/10/2010 4 comentarios

Hace unos cuantos días que no comento nada de usaurios ni demás fauna del apasionante mundo de la informática. Y no es que no haya historias, si no que la mayoría tienen que ver demasiado con problemas concretos. Pero hoy os voy a contar algo que, a pesar de tener que ver con una aplicación interna, deja bien claro el tipo de usuario que pulula por las empresas y contra el que tenemos que luchar muchas veces.

Viene el usaurio Modosillo, echando espumarajos por la boca. Pero no, no es que esté enfadado. Su neurona no llega a tanto. La babilla que suelta por la boca no es por mala leche, si no por la incapacidad de andar y controlar la saliba a la vez, con lo que se le quedan por la comisura unos restos blancos que hacen que sea bastante asqueroso mirarle a la cara. Por suerte, los informáticos tenemos fama de que no poseemos grandes dotes sociales, así que puedo hablar con él sin desviar la mirada de la pantalla.

– Qué es lo que ha pasado con esto.

– Hola, buenas. Teniendo en cuenta que no sé lo que es “esto”, como que no te puedo decir nada. – Mentira, sí que lo sé, ya que sólo maneja una aplicación, pero me gusta escuchar los engranajes de esa pobre neurona.

– Pues con este pedido, que está raro.

– Igual es que hoy se encuentra mal. Le has preguntado qué tal ha dormido?

– ¿Qué?

– Nada, que a ver qué le pasa, por qué está raro.

– Pues no sé, pero no está normal.

– No, si ya me imaginaba que estar raro era no estar normal, ¿pero algo más concreto?

– Pues que el pedido estaba ya recibido y “matado”, y ahora está pendiente de recibir.

– Vale… a ver… Sí, mira, lo habéis marcado como recibido y todo, pero luego lo habéis echado para atrás.

– ¿Y eso cómo lo sabes?

– Básicamente porque he entrado en el pedido y me leído la pantalla. Mira, donde pone histórico, ves?

– Bueno, vale, pero a ver por qué si está recibido, ahora está pendiente.

– Como ya te he dicho, porque lo habéis hecho vosotros. Mira, ¿ves estas letras? ¿Donde pone tu nombre al lado de “pasado a pendiente de recibir”?

– Sí, y qué.

– Pues que eso me dice que el que lo ha marcado como pendiente eres tú.

– No, si ya sé que lo he hecho yo. ¿Te crees que no sé lo que hago?

– Yo no me creo nada. Es lo que me has preguntado.

– El problema es por qué me deja hacer eso.

– Muy sencillo, porque lo habéis pedido vosotros.- Yo también me pregunto quién decidió en su día dejarte un ordenador, pero bueno.

– Pero no tendría que dejar. Si el pedido está entregado, está entregado. Punto.

– No, si a los usuarios normales no les deja. Pero uno de los cambios que habéis solicitado es que a vosotros, los administradores de la aplicación, os permita modificar el estado independientemente de cómo esté.

– Pero no tendría que dejarnos.

– Ya, ¿y si un usuario se confunde y hay que echar para atrás algo?

– Te lo decimos a tí.

– Ya, por eso. Después de que estuvieseis diariamente mareando con esos cambios, se solicitó que pudierais cambiar el estado, para no tener que depender de mí. ¿Te acuerdas del jaleo cuando me fui de vacaciones?

– Pero es que nosotros no deberíamos tocar eso.

Ni eso ni nada que sea medianamente electrónico, excepto una silla eléctrica.

– Ya, pero es que vosotros sois los que administráis la aplicación. Es vuestro trabajo.

– Pero es que tendría que aprenderme cómo funciona la aplicación.

– Hombre, teniendo en cuenta que es la única que manejas y que casi todo tu trabajo depende de ella, no estaría mal.

– Pues yo no voy a aprender cómo funciona.

– No, si con eso ya contábamos, por eso al pulsar el botón pide confirmación, explicando lo que puede pasar, mira.

– Noooo, no pulses el botón, que lo descuadras!!!!

– Tranquilo y lee el mensaje. Y luego mira que tienes dos opciones “Sí” y “No”.

– Vale. Pues quita el botón, para que no vuelva a pasar eso.

– Que no, que el botón no se quita. Si quieres, no lo uses, pero no se quita.

– Pues no voy a usar la aplicación. Y voy a decir que es porque no has hecho una buena aplicación.

– Hombre, puedes decir eso, pero teniendo en cuenta de que la usan en casi toda la empresa y al único usuario que le da problemas es a tí, no sé yo cómo ibas a quedar.

– Pues… no voy a aprender a usarla. Y te estaré mareando todos los días con problemas.

– Vale. Lo único que sepas que tengo que reportar mis horas. Y claro, una consulta de año en año no lo imputo, pero si son muchas tendré que reflejarlo en algún sitio.

– Pues…. pues…. adios.

– Venga, adios.

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Una pequeña modificación

07/06/2010 1 comentario

Por muy novato que se sea en esto de la atención al usaurio una cosa que se sabe es que cuando empiezan con la frase “necesitamos una pequeña modificación, un cambio de nada” lo que están pidiendo básicamente es rehacer la aplicación desde 0. Cuando no implica también cambiar los ordenadores, periféricos, mesas, sillas y tirar algún tabique.

Y es que por muy bien que vaya un día, siempre tiene que venir alguien para jodértelo. Y si va mal y estás hasta el cuello metido en el barro, se encargan de traer a un elefante para que te pise la cabeza y luego defeque encima.

Vamos a lo que vamos.

– Hola buenos días, aquí el departamento de informática, ¿en qué puedo ayudarle?

-Uy, qué contento se te ve hoy. Casi hasta me da palo hacerte una petición que tengo, pero como es una cosita de nada, te lo comento.

Tanto palo no te daría, cacho vacaburra, cuando no te lo has pensado ni siquiera durante una milésima de segundo. En flin.

– Venga, dime, que ya estoy curado de espantos.

– Oig, qué cosas tienes. Bueno, te comento. Que queremos que nos cambies una aplicación. Y como es una tontería de nada, a ver si puede estar cuanto antes.

– Pues no sé, antes habría que mirarlo. Y ver el resto de cosas que tenemos.

– Pero es un cambio muy sencillo.

– Bueno, habría que verlo.

– Es que es una nadería. Seguro que con lo hábil que eres, lo haces enseguida.

– Vale, para mañana lo tenéis.

– ¿Sí?

– Pues claro, que aquí trabajamos muy bien. Y sobre todo como ya sabemos exactamente lo que quieres cambiar, no nos va a costar nada.

– ¿Y cómo sabes lo que necesitamos que nos cambiéis?

– Pues porque me lo has dicho.

– Pero si no te he dicho qué hay que cambiar.

– Vaya, te has dado cuenta.

– Qué humor, chico. Qué humor.

– Ya, eso me dicen en casa. ¿Pero me vas a decir qué es lo que queréis cambiar?

– Mira, queremos que la aplicación esta, cuando vamos a guardar un documento nuevo, en vez del guardado que hace normalmente nos guarde una copia en nuestro pc en la carpeta del departamento y otra copia en la web corporativa, y que lo guarde con etiquetas y dentro de la categoría que corresponde.

– Hombre, tan poquita cosa no es eso, ¿eh?

– Pero si sólo es guardarlo dos veces.

– Ya, pero primero habría que ver eso de “la carpeta del departamento” qué es.

– Pues donde guardamos las cosas del departamento.

– No, si algo así ya me imaginaba, que aunque llevo aquí un tiempo, todavía no me he quedado tonto del todo.

– ¿A qué te refieres?

– Nada, nada, cosas mías. Esa carpeta, me imagino que guardaréis las cosas con una estructura, no? Que no metéis todo ahí a saco.

– No, claro, va todo en subcarpetas.

– ¿Y esas subcarpetas serán las categorías luego de la web corporativa?

– Claro.

– ¿Y en qué campos están reflejadas las categorías y demás?

– ¿Cómo?

– Que digo que cómo indicáis las categorías y las etiquetas.

– No se lo indicamos. Que lo coja del texto.

– ¿De qué texto? ¿De un campo de texto?

– Mira, casi mejor si vienes y te lo cuento con la aplicación delante, vale?

– Sí, mejor.

Esto cada vez me huele peor. Y eso que al principio no olía a agua de rosas. Me presento en el puesto de vacaburra y me dispongo para mi sacrificio en honor al Dios de los usaurios.

– A ver, ¿me enseñas la aplicación y lo que queréis hacer?

– La aplicación es esta, y lo que…

– Espera. ¿La aplicación que queréis que os modifique es esta?

– Eso te he dicho. ¿Pasa algo?

– Bueno, realmente pasa más que algo. Eso es el Microsoft Word.

– ¿Y qué? Si es un programa, podrás modificarlo, no?

– Tú has visto últimamente alguna película en la que salen hackers, no?

– ¿Qué tiene eso que ver?

– Pues que lo de llamarle con nombre y apellidos a la aplicación no es porque suene mejor. Microsoft, ¿te suena?

– Sí, son los de los ordenadores, no?

– Haré como que no he oído esa respuesta. El Word es una aplicación cerrada. No se puede modificar para cambiar su comportamiento normal y que haga otras cosas.

– Vamos, que tú de ordenadores lo justito. No será que no sabes cómo?

– Sí, será eso. Mira, vosotros seguir como hasta ahora, que lo voy a estudiar y consultar con mi jefe.

– No, es que así no podemos seguir, que tenemos que duplicar el trabajo.

– No, no es duplicar el trabajo.  El trabajo lo haces una sóla vez, lo que tienes que hacer luego es guardarlo en dos sitios diferentes.

– Pues eso, que hago las cosas dos veces. Nosotros así no podemos trabajar.

– Vale. Entonces mándame un mensaje con copia a mi jefe y al tuyo explicando la petición y si quieres puedes poner que no podéis trabajar hasta que esté hecha la modificación.

– Bueno, yo lo pongo, pero luego si tienes problemas con tu jefe yo no quiero saber nada, eh?

– Na, tranquila, que yo no voy a ser quien va a tener problemas con su jefe. Adiós.

Ni que decir tiene que cuando llegó la petición nos alegró el día. Y efectivamente, la vacaburra se acordó de poner a su jefe en copia del mensaje. Desde entonces no nos ha pedido ni agua.

Peticiones de ná.

25/05/2010 Deja un comentario

Con el tiempo se va aprendiendo, pero al principio, cuando todavía eres un novatillo en el trato con los usaurios, éstos te la suelen colar sin que te des cuenta.

La mayoría no lo hace con mala intención. Es más, no lo hacen con ninguna intención, porque para ello se necesitaría que fuesen animales racionales en lugar de amebas con extremidades. Para ellos las peticiones que te hacen son tan normales como el respirar o el caminar.

Vamos, que igual que para respirar tienen que concentrarse y para caminar suelen tener que ir mirando al suelo y pensar en el pie que hay que mover en cada momento, para comunicarte una petición tienen que estar absolutamente concentrados en poner la palabra adecuada detrás de su predecesora, y así no les queda ninguna neurona libre para la malicia.

El caso es que hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, unos usaurios me llamaron para pedir unos cambios:

– Necesitamos que cambiéis la aplicación, que no nos funciona bien.

– Lleva tiempo sin quejarse nadie de ningún otro departamento, pero bueno, ¿qué os pasa con la aplicación?

– Pues que no nos avisa si escribimos algo mal.

– Ya, pero es que esta aplicación es para registrar solicitudes y demás, no un procesador de textos.

– Pues el Word, cuando escribes y te confundes, te lo pone subrayado en rojo.

– Sí, claro, pero es que el Word SÍ que es un procesador de texto.

– Pues queremos que el programa este haga lo mismo.

– Pero esa opción ya está. Mira, ves ese botón de ahí, el que pone “Revisar Ortografía”. Pues si le pulsas, te avisa de las palabras incorrectas.

– Ah, pero hay que darle. Queremos que salga según escribes, como el Word.

– Pero es que programar eso es una pérdida de tiempo, teniendo ya el botón.

– Ya, pero queremos eso. Además, no funciona bien.

– ¿Cómo que no funciona bien?

– Es que hay muchas palabras que no las encuentra bien.

– ¿Sí?, ¿cuáles?

– Mira este ejemplo.

Miro la pantalla y…

– Ya, pero es que eso no te lo va a detectar ningún diccionario.

– ¿Por qué?

– Porque son nombres y apellidos… en Euskera.

– ¿Y no podéis cambiar el programa para que los detecte?

– Pero si es que eso lo podéis hacer vosotros: Cuando pulsáis la “Revisión Ortográfica”, podéis añadir la palabra al diccionario con la opción “Agregar al Diccionario”.

– Que no, que no queremos tener que pulsar el botón de “Revisión Ortográfica”. Además, para añadir una palabra, lo tendríamos que hacer nosotros. ¿No se puede hacer que lo añada automáticamente?

– ¿Automáticamente? ¿Qué palabras, las que detecta que están mal o sólo las que pensáis vosotros?

– No, las que queramos nosotros.

– Y al ordenador se lo decís… ¿cómo?

– No sé, no somos informáticos, pero queremos que lo detecte automáticamente.

Aunque era novato, una cosa sí que sabía: el momento en el que el usaurio entra en un bucle, es mejor salir corriendo.

– Bueno, pues proponerlo por escrito, que queréis un corrector ortográfico como el del word.

– Oye, ahora que lo dices, hablando del word…

El ordenador no me entiende

05/05/2010 3 comentarios

No me extraña. Creo que nadie en este mundo lograría desentrañar los misterios que se esconden detrás de esos kilos de laca y esa estopa a la que tan condescendientemente llamas pelo.

A la incapacidad de interactuar con cualquier objeto electrónico y/o tecnológico (la ciencia que se esconde detrás del mecanismo de apertura y cierre de un libro ya es indistinguible de la magia para ella), refiriéndome a tecnológico con todo lo que ha ideado el hombre desde el invento de la rueda hasta ahora, se suma la amabilidad de trato y la calma y el sosiego con que realiza todas las peticiones.

– No funciona nada, no se puede trabajar así.

– Eh, esto. Hola. Buenos días. Yo también me alegro de oirte.

– Pues yo no. Esto no funciona.

– Ya te lo he dicho otras veces, si quieres que funcione mejor, ladea la cabeza para que las dos neuronas se encuentren más fácilmente.

– ¿Pero qué me dices?

– Nada, que qué es lo que no funciona.

– Pues nada.

– Hombre, algo funcionará, no? De hecho estamos hablando, luego los teléfonos funcionan.

– Que no, que me refiero al ordenador. Que no funciona nada de nada.

– ¿Seguro? ¿Y cómo has encontrado mi número?

– Pues buscando en el listín.

– Vale, así que por lo menos una parte del ordenador sí funciona, no? A ver si conseguimos acotarlo más. ¿Qué es lo que crees que no funciona?

– No es que lo crea. Es que no funciona. Es la aplicación para gestionar la documentación del departamento.

– Ah, sí, la aplicación TRT (Tratamiento de Residuos Tóxicos: la mayoría de las cosas que guardan, si las leyese una persona sana… más le valdría tener el testamento y un buen seguro de vida)

– No sé cómo se llama, el caso es que no funciona.

– Hombre, pues después de unos 10 años haciendole todo tipo de putadas, podías llamarla por el nombre, no? En fin. Qué no funciona?.

– Pues que está mal hecho. Se pierde toda la información que meto.

– ¿Cómo que se pierde? ¿Al guardarla luego no está?

– No, es que no puedo ni guardarla.

– ¿Y qué es lo que haces, más o menos?

– Por teléfono no se puede explicar. Si vienes te lo cuento.

– Vale, cuando pueda voy.

Como tenía buen día y así me daba una vuelta, me acerqué al de un rato. Lo sé, soy un santo. Porque seguro que sí les dejaba hacer cosas, cuando el resto de usuarios del departamento podían meter todas sus tonterías su documentos importantes y ella también de vez en cuando. Pero bueno, así me aireaba.

– A ver, dime

– Mira, meto los datos,…, y me los pierde

-(No me lo puedo creer) Ya, mira. Cuando estás metiendo los datos… ¿por qué cambias luego de página?

– Porque no me sé toda la información de memoria, y tengo que irla buscando.

– Ya. ¿Y no te has fijado que cuando vas a ir a otra te sale una ventanita en la que te avisa que no has guardado y que vas a perder lo que has puesto?

– Sí, pero como luego le doy para atrás, me lo tendría que coger.

– Hombre, nos gusta despistar, pero ¿no crees que si la información se pudiese recuperar, no pondríamos ese mensaje?

– No sé. Yo de ordenadores no sé.

– No hace falta que lo jures.

– El caso es que la aplicación no debería dejarme ir si no va a perder los datos.

– Pero es que ya te avisa. Más no podemos hacer.

– Pues entonces es que funciona mal.

Es imposible no ya razonar, si no mantener una conversación medianamente coherente. Por suerte, queda el recurso de siempre.

– Vale. Lo único que para solucionarlo nos va a llevar algo de tiempo, así que para planificarnos y demás, por favor envía la petición explicada claramente por correo a mí y a mi jefe.

– Vale, yo os lo mando.

Después de las risas que se echó mi jefe entre el correo y mi explicación lo borró directamente, sin contestar. Y la usauria no ha vuelto a decir nada del tema. De otras muchas cosas sí, pero de eso nada.

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Aplicación entregada

01/05/2010 Deja un comentario

Llega un momento crucial en la vida de todo inflemático en el que debe tomar una difícil decisión:

– Matar

– Respirar profundamente, aplicar la meditación aprendida en el monasterio Gsalrig Chongg del Tibet y continuar.

Se puede pensar que es algo exagerado, pero hay momentos en los que la primera opción es totalmente válida, y estoy convencido que en un juicio no seríamos condenados.

Ya veréis como tengo razón.

Situación: Presentación de una “aplicacioncilla”. La cosita en cuestión era crear un programita que permitiese hacer unas peticiones, tanto interactivamente con el usuario como mediante carga de archivos en diferentes formatos. Procesar esa petición y encaminarla por diferentes departamentos, con las firmas de los responsables, mensajes para un lado y para otro,  las peticiones se podían aprobar total o parcialmente con lo que había que desglosarlas y una parte volvía al origen y la otra seguía su curso, las peticiones “desglosadas” podían unirse de nuevo si llegaban a un punto común, en algunos estados la persona que las aprobaba era una pero en otros podía haber cualquier número, y en casos tenían que aprobarla todos y en otros bastaba con algunos,…

Vamos, todo lo que se le ocurra a una mente calenturienta. Y por supuesto con continuos cambios basados en la dirección en la que soplaba el viento en esos momentos.

Por eso, cuando finalmente se entregó la aplicación fue como un parto de trillizos saliendo todos a la vez.

Presentamos la aplicación, y sin problemas. Durante más de dos horas mostramos el funcionamiento, los posibles casos, probamos con diferentes usuarios,… La prueba también el “usaurio rex” destinatario de la aplicación haciéndole todas las perrerías que se le ocurrían y todo perfecto (sí, nosotros también nos asombramos de que una aplicación tan compleja no diese problemas). Pero notábamos algo raro en su cara. Al final, cuando termina, nos dice:

-No, no me convence. Los botones tendrían que tener un fondo verde y no el que tienen ahora.

¿Es para matarlo o no?

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