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Archive for the ‘informática’ Category

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11/03/2013 Deja un comentario

Externalizar SIEMPRE es mejor. Ejecutivo se arranca un riñón para poder usar aparato de diálisis.

@noticiasenmorse

visto en esta entrada de “Al otro lado del mostrador“.

Y es que cualquiera que haya “sufrido” esta lacra de la externalización masiva de servicios y muchas veces de partes vitales para el funcionamiento de la empresa se ha tenido que hacer la pregunta del millón:  ¿cómo puede ser más “rentable” sacar fuera un servicio si pierdo el control, se ralentiza la respuesta, las soluciones a los problemas tardan más en llevarse a cabo  y me resulta más caro?

Porque entiendo que para una acción puntual de unos pocos meses, sea preferible contratar gente de fuera, que puedes traer a los mejores en el campo en cuestión (o intentarlo, porque luego, aunque la empresa prestadora de servicios de los venda como tales, realmente suele “salir rana”), pero para proyectos eternos (según la primera o tercera acepción de la definición de la RAE) es a todas luces ilógico. Y hasta es ilegal en muchos casos.

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No sólo de “usaurios” vive la informática

20/12/2012 Deja un comentario

Hay muchas veces que si no fuese por los “marditos usaurios” los informáticos no tendríamos trabajo. Y no lo digo por la obviedad de que si no tenemos a alguien que use o aproveche nuestras aplicaciones no tendría sentido desarrollarlas, no.

A lo que me refiero es que hay veces que nuestro trabajo consiste, casi exclusivamente, en arreglar lo que rompen los usuarios bien porque la aplicación no está suficientemente cerrada (ninguna lo está, y la que se hace completamente cerrada, piden abrirla para las “excepciones”, y luego pasa lo que pasa, claro) o bien porque les gusta mucho pulsar botones que a un niño un juguete de Fisher-Price.

Pero hay otras, por suerte no muchas, que el trabajo nos lo generamos nosotros mismos. Y esto no está mal del todo. El problema viene cuando el “marrón” pasa de unos a otros. Y ya si salta de empresa o el generador del marrón ya no está localizable, puede alcanzar dimensiones nada agradables.

A lo que venía todo el rollo anterior es que, leyendo la noticia de por qué Microsoft decidió eliminar el Pinball de Windows Vista en adelante, me he acordado de dos situaciones que fueron estresantes, aunque con el paso del tiempo (como si fuesen rocas erosionadas) se han visto limadas y redondeadas.

La primera, nada más enfrentarte a ella puede parecer graciosa, pero cuando tienes que pelearte con ella durante un tiempo y con fechas cerradas, puede ser muy estresante: El anterior programador decidió que todos los nombres de variables y objetos, en lugar de darles un nombre lógico (vistaUsu para una vista que recoja los usuarios, por ejemplo) dejó volar su imaginación y, respondiendo a la llamada interior de lo que me imagino que sería su profesión soñada, les puso nombres de animales. Así tenías  a un perro y un gato, una rata daba una vuelta por ahí mientras que los caballos, las vacas y toros se sentaban a ver cómo los demás jugaban.

Pero si la anterior puede parecer graciosa, ésta es directamente para colgar de los pulgares al jodío que la perpetró. Porque la única explicación posibles es que quisiera hacer imposible para el resto del mundo que entendiesen lo que los programas hacían. Y para liarlo lo más posible, cual ofuscador, lo que se le ocurrió a la criaturita fue coger todas las variables, objetos y todo lo que pudiera ponerle un nombre y llamarlo temp1, temp2, temp3,… tempn, independientemente de su “categoría”. Mortal. Era casi imposible de seguir, no digamos cambiar algo y buscar posibles implicaciones.

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Improvisando

19/07/2012 Deja un comentario

Aunque esta entrada podría tratar perfectamente por el título de las decisiones del gobierno, va a versar sobre los bienamados y amigables usuarios.

Suena el teléfono y, a pesar de que sé casi seguro quién esta al otro lado y tengo tantas ganas de contestar como de comer una ensalada de ortigas sin aliñar ni ná, levanto el auricular.

– ¿Sí?

– Hola. ¿Está el pringao_de_los_marrones? – No utiliza ese sobrenombre, pero es lo que está pensando. Lo sé.

– Sí, soy yo.

– Ah, ¿estás ahí? – Las palabras suelen tardar varios segundos en encontrar el cerebro, dadas las dimensiones del recinto en el que deben buscar.

– Sí, por eso he dicho que soy yo.

– Ah, ¿no estás de vacaciones? –

– Pues… no. Igual que toda esta semana – He hablado con este “ser” varias veces la misma semana, incluso el día anterior. Y cada día se ha sorprendido de no encontrarme de vacaciones. Hasta cuando ha llamado más de una vez en el mismo día.

– Bueno, era para ver si estaban los cambios.

– Sí. Y ya quedamos en que cuando tuvieras un rato, los podíamos ver. Hace un mes – Sí, un mes esperando para revisar unos cambios urgentísimos. En flin.

– Vale, ¿y los puedo ver? – 5, 4, 3, 2, 1, 0… Creo que ya le puedo lanzar más palabras, que la frase anterior calculo que habrá llegado a su destino.

– Cuando quieras.

[…] pasan unos segundos […]

– Pues no veo los cambios.

– Ya. Es que el cuando quieras, me refería que cuando te venga bien podemos verlos en desarrollo… antes de subirlos a real.

– Ah… – tic-tac, tic-tac – no, pues súbelos ya y les echo un vistazo.

– ¿seguro? ¿sin verlos antes ni nada? ¿no queréis hacer pruebas antes para ver si es lo que queréis o necesitáis?

– No, tranquilo, nos fiamos de lo que hayas hecho. – Vaya, se agradece el voto de confianza… si no fuese porque seguramente ahora le corre prisa porque le han apretado las tuercas desde arriba.

– Bueno, vale. En media hora está en real.

– Vale, pues luego lo vemos y hablamos.

– Ok

Lo subo, pasan unos minutos y suena el teléfono.

– Tenemos un problema

– Hola, ¿quién es?

– Sí, hola, que con los cambios, ahora hay un problema.

– A ver, ¿qué pasa?

– Es que se has puesto unas comprobaciones, y los usuarios se han quejado de que no puede continuar si no rellenan los campos obligatorios.

– Ya, es que para eso son obligatorios. Para que los rellenen y no puedan hacer nada más si no están cumplimentados, porque luego los necesitáis vosotros para facturar y seguir haciendo cosas, ¿no? Porque lo habéis pedido así.

– Bueno, sí, pero es que se están quejando.

– Claro que se quejan, porque antes no tenían que rellenarlos y el trabajo recaía sobre vosotros. Ahora lo tienen que hacer ellos.  ¿Cómo quieres que lo deje, sin comprobación o qué?

– No sé. Sin comprobación. Bueno, o con. No sé. Espera… … …

– Mira, y si pongo un aviso de que no deben dejarlo en blanco, ¿pero les permito continuar?

– Sí, sí, sí, sí, sí. Vale.

– Pero sabes que no lo van a rellenar, ¿no? Al menos no la mayoría.

– Bueno, es igual, pero que puedan continuar.

– Ok. Te aviso cuando esté.

Pasan pocos minutos. Riiing, riiiiiiiiiiing

– Hay más problemas. No funciona nada.

– Hola otra vez.

– Sí, hola. Que hay usuarios que no pueden hacer nada.

– No, nada no.  – ya sé por dónde vienes – Pueden hacer cosas, pero se decidió que había otras para las que se requería un permiso especial.

– Ya, pero es que los que suelen rellenarlo, no tienen ese permiso.

– Pues entonces lo que funciona mal es la organización, no la aplicación.

– ¿La qué?

– Nada, que cómo queréis que quede todo.

– No sé, no sé, no sé. ¿Que puedan hacerlo todo?

– Es decir, darles un nivel de acceso mayor.

– Nonononononono, eso no.

– ¿Entonces?

– Dejarlo como antes. Tenemos que pensarlo.

– Ah, ¿pero entonces esto se había hecho sin pensar?

– ¿Cómo? Es igual. Que se quede todo como antes.

– Ok. Te aviso.

Y después de dejarlo como estaba, más llamadas porque faltan cosas. Vamos, porque faltaba lo nuevo.

Creo que en una vida anterior he debido de ser muy malo.

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Teléfono escacharrado

02/07/2012 Deja un comentario

Hace tiempo que no pongo nada de los usaurios que nos toca aguantar, ya que a veces hay que tener un cierto contexto para apreciar el “arte” de estos seres en todo su esplendor, pero creo que el ejemplo de hoy sirve para que se vea con qué personajes tenemos que tratar:

(Suena el teléfono)

– ¿Sí?

– Hola… eres… bueno, que no sé a dónde he llamado. Ni a quién.

– Pues al XXXXX

– Ah, sí, vale (se oye al otro lado de la línea telefónica un par de engranajes que no terminan de ajustar bien) esto… bueno, lo que sea. Que quiero que hagas lo del otro día, lo de las cuentas. Que lo dejes igual que lo he metido mal.

– Perdona, pero no sé quién eres, ni qué me estás pidiendo.

– Jóder, pues MA, hombre.

– ¿Y con quién quieres hablar?

– Pues con quien estoy hablando.

– Ya, pero es que no sabes con quién estás hablando, que parece que has marcado un número al azar.

– ¿Y quién eres?

– El Mata usuarios.

– Vale, pues que hagas lo del otro día, lo de las cuentas.

– Pero es que no has hablado conmigo ningún día, ni he hecho “lo de las cuentas”.

– ¿Entonces no hay nadie más por ahí?

– Pues ahora mismo, no. Pero si me explicas qué es lo quieres, igual te puedo ayudar.

– Si ya te lo he dicho, lo de las cuentas de la vez pasada.

En flin. Y es que lo que está “escacharrado” no es el teléfono, si no la cabeza de algunos.

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Porque yo lo valgo

25/01/2012 3 comentarios

No conozco a ninguna mujer que quiera tener a una como “superiora”. Dicho por ellas mismas: “no hay nada peor que una mujer jefe”.

Y por mi experiencia, tienen más razón que un santo. No es sexismo, o al menos no “de esta parte”, si no que es una especie de “sexismo inverso”: para demostrar que han llegado arriba por sus propios méritos (un hombre nunca tendrá que demostrarlo, ya que se presupone) se vuelven unas auténticas arpías.

Y eso es precisamente lo que sucede en algunos sitios en los que he estado. Y como ejemplo, aquí va una pequeña situación, totalmente ficticia. O no. Que ha pasado, está pasando o puede pasar. Al meollo:

Se marcha el responsable de un departamento. Digamos que se jubila. Entonces, como suele ser habitual en estos casos (nótese la ironía), hacen una promoción interna, evalúan a varios candidatos, realizan exámenes, valoran diferentes posibilidades y al final un comité competente escoge a la persona idónea.

Vamos, que había por ahí una persona que estaba hasta las narices de su jefe, ha solicitado cambiar de puesto y, aunque no tuviese ni la preparación ni los conocimientos para llevar a cabo las nuevas tareas, y despedirla supondría una pasta a la empresa, aparte de que tiene ciertos contactos que la atan, la ponen en la vacante que hay.

Pero claro, para su anterior puesto podía estar más o menos capacitada y ser una auténtica experta (que era que no), pero para el nuevo, ni flores. Necesitará un proceso de aprendizaje. Pues no. Nada más llegar, para que se note claramente que hay nueva gerencia en el departamento y personificando y escenificando perfectamente el dicho “entrar como un elefante en una cristalería”, ha decidido darle la vuelta a todo. Pero, a parte de cambiar la parte administrativa o de gestión de arriba a abajo, modificar procedimientos que se habían depurado a lo largo de años y funcionaban perrfectamente,… ha decidido que la parte técnica (aplicaciones y soporte a las mismas) también tiene que cambiar. Porque sí. No porque tenga un “pasado” tecnológico y sepa cómo van las cosas, no, si no porque “hay que hacer algo para que se note que hay nueva jefa”. Y claro, ¿qué es lo más sencillo y que, en estos tiempos de crisis, más va a alegrar a sus jefes? Pues reducir costes.

Así que ha tomado la decisión de reducir al personal técnico al 50%. Y encima, como es una subcontrata (por supuesto, desde hace unos años y con la proliferación de las charcuteras, nos han vendido la moto de que es mucho más barato subcontratar a un grupo de personas durante años a 4X€ anuales que contratarlas por X€ anuales), ha bajado el presupuesto para quien se quede.

Pero el mayor problema es que las personas que deberían haberla dicho “no, no se puede hacer eso, y menos ahora, que estamos empezando nuevos proyectos” lo que han hecho ha sido agachar la cabeza y decir “sí, bwuana”.

De verdad, nos estamos yendo a la p. mierda. Por un lado, la gente competente (no todos, por suerte) se está marchando. Por otro lado, los que quedan, en su mayor parte unos incompetentes o unos pusilánimes que no sirven para llevar la contraria a los jefes aunque estos planteen auténticas estupideces, están destrozando lo poco que queda.

El futuro está jodido si no hacemos algo pronto.

Y como he dicho, cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. O no.

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No funciona nada

18/06/2011 5 comentarios

– Oye, mira, que no funciona esto. ¿Vienes?

Las voces se oyen por toda la planta, ya que para qué acercarse o utilizar esos aparatos modernos denominados teléfonos, estando la voz, ¿no?. Me acerco. Aunque no tengo mala voz, no me gusta andar gritando en el lugar de trabajo.

– ¿Qué es “ésto”?

– Pues que cuando hago una petición, sale mi nombre.

– ¿Con qué usuario estás accediendo?

– Con el mío.

– ¿Y te parece extraño que salga tu nombre?

– Pero es que la petición es para otra persona.

– Ya, y eso la máquina lo tiene que adivinar, ¿no?

– Pero es que está mal, tendría que poner otro nombre, no el mío.

– ¿Ves el botón de al lado del nombre, en el que pone “seleccionar usuario”? Púlsalo a ver qué pasa.

– Ah, puedo cambiar el nombre. Bueno, pero eso no era el problema.

– No, ya lo sé. Es que eso no es un problema. Al menos no de la aplicación.

– ¿Cómo? Bueno, es igual. El caso es que mira, la aplicación no funciona.

– Yastamos. Es curioso. De los más de 500 usuarios, sólo hay 1 al que le da problemas.

– Eso seguro que es porque el resto no la usa, o hace cosas más sencillas. Es que lo mío es muy complicado.

– Y que lo digas.

– El caso es que aquí me sale un código de petición, pero no corresponde con la que tiene que ser.

– No entiendo.

– Pues sí, mira. Si creo una nueva, me sale un código de petición. Y tendría que salir este código. O al menos uno de estos.

Me enseña una hoja impresa de un listado de peticiones. Todas procesadas con la aplicación que está manejando.

– Perdona, pero es que lo que te presenta el ordenador ahí es el código nuevo de una petición nueva, que se crea al pulsar el botón de “nueva petición”. Y lo que tienes en la mano son peticiones ya realizadas.

– Pero la petición es como una que ya he hecho. ¿Por qué no me sale el mismo número?

– Pues porque la petición que estás creando es nueva. Y el listado es de peticiones ya creadas.

– Bueno, pero ¿no podría darme el mismo número?

– No.

– Pues lo que yo decía. ¿No ves cómo funciona mal?

(la mato, no la mato, la mato, no la mato,…)

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Pidiendo por esa boquita

12/04/2011 Deja un comentario

– Hola buenas, quería comprar un avión con este dinero.

– Sí, mire, la tienda de juguetes es ahí enfrente.

– ¿Pero cómo juguetes? Si yo quiero un avión de verdad, un jumbo o algo así.

– Pues creo que no ha empezado muy bien: No creo que 42,6 euros sea suficiente dinero. Además esto es una panadería.

Ante una situación así, todos pensamos que el “loco” es el “cliente”.

Si cambiamos panadero por informático obtenemos justo lo contrario.

Y sí, me estoy repitiendo últimamente con el tema, pero jodó, dejadme alguna válvula de escape, no?

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