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Posts Tagged ‘usaurios’

tengo absolutamente claro lo que quiero… o no

16/12/2010 6 comentarios

Volvemos a la olvidada saga de las peleas con los tan temidos usaurios.

La primera regla de oro es nunca intentes discutir con uno de ellos. Nunca vas a tener razón, ni aunque presentes pruebas por escrito.

Aunque claro, nada es tan fácil como simplemente seguir esa norma, ya que de hacerlo puedes entrar en un bucle sin fin que te cortocircuite las 3 neuronas al intentar hacerle caso en todas sus (contradictorias) peticiones.

De muestra un botón. O un abrigo entero.

– Qué pasa maestro.

Jodó, cuando entran así, casi preifiero que directamente me maten. Van a pedir algo que ni ellos mismos saben qué ni cómo lo quieren.

– Buenas, dime qué quieres que cambie en la aplicación.

– Pero bueno, tío, no te pongas. ¿Por qué crees que vengo a pedir algo?

– Básicamente porque en los 10 años que llevo aquí, sólo me has dirigido la palabra para pedir cambios y/o resolver marrones con la aplicación.

– Te has levantado de mala leche hoy, eh? Bueno, pues nada

– Cómo, ¿que te vas a ir sin pedir nada?

– No, que voy a pedir directamente sin rodeos.

– Vale, así ninguno de los dos perderá el tiempo.

– Mira, que queremos que en la aplicación que controla las entradas de fulleneros metas un contador.

– ¿Un contador? ¿nada más?

– No, sólo un contador. ¿Te extraña?

– Hombre, un poco sí, porque ya existe un contador en la aplicación. Además, me resulta sospechosamente sencillo.

– ¿Cómo sospechosamente? ¿qué quieres decir?

– Nada. Así que un contador…  y con los contadores que ya hay, ¿qué hago?

– Es que queremos un contador global, que los que hay ahora cuentan por grupos de fulleneros, y para saber los totales es un lío. Además necesitamos tener un control general súper necesario para las nuevas ISOs.

– Vale pero, ¿qué hago con los contadores que hay ahora?

– Quítalos.

– ¿Seguro? ¿Que se pierdan los contadores individuales? ¿Me lo mandas por escrito?

– Sí, sí. En un momento te lo mando.

Y efectivamente me lo envió en un mensaje. Pero como ya nos conocemos todos y no es la primera vez que me veo en una situación parecida, lo único que hice fue “ocultar” los contadores actuales, dejando visible sólo el nuevo global. Como me imaginaba, 3 segundos después de publicar los cambios, sonó el teléfono.

– Pero macho, qué has hecho!!! Que ahora no funciona nada.

Menos mal que hay usaurios que tienen la voz fácilmente reconocible. Y éste es un caso claro.

–  ¿Pero nada de nada? ¿Ni los ascensores ni la máquina de café ni nada?

– No te hagas el gracioso, que sabes de lo que te estoy hablando.

– Pues sinceramente, sí. Sé de lo que hablas. Pero porque soy bastante inteligente, ya que no me has dicho ni tu nombre ni me has dicho a qué parte del universo conocido te refieres con ese “nada”.

– Mira, tío, hay veces que no se te entiende nada. El caso es que has metido la pata y no funciona nada.

– No, si ya sabía yo que hacerte caso era meter la pata. Por eso te lo pedí por escrito. Y he hecho exactamente lo que ponías en el mensaje.

– Que no, que yo no he pedido esto.

– Mira, te leo: “meter un nuevo contador global y quitar los que hay ahora”

– Ya, pero es que ahora hay saltos en los números.

-¿saltos?

– Sí, mira, si ves el listado de fullerenos galopantes, del 1934 pasa al 1937 y luego al 1959… y así con todos.

– Ya, claro, porque estás mirando SÓLO los galopantes. Si vas al listado de todos, verás que no hay saltos.

– Pero, entonces, ¿cómo voy a saber, con el código de qué tipo es como nos pasaba antes?

– Ya, pero es lo que tiene un código único para todos.

-Pues necesito que pongas el otro código.

– Y ¿qué hago con el nuevo?

– Dejarlo, que estén los dos.

– Vale, y ¿quieres que en todos los listados se vean los dos códigos, sólo el nuevo o sólo el viejo?

– Eh… los dos.

– Vale

– Ah, por cierto, que todos los fulleneros que hemos dado de alta en este tiempo, tendrían que tener los códigos antiguos buenos.

– Bueno, ya veré qué puedo hacer. Pero tendré que ir mirando fechas de creación y demás para ver el orden correcto de los fulleneros que habéis generado.

Menos mal que me los conozco, y lo único que he hecho ha sido no mostrar los códigos viejos aunque los he seguido calculando. Pero claro, hay que darse un poco de bombo porque si resolverlo es fácil, no es porque la solución lo fuese, si no porque me adelanto a sus meteduras de pata.

Casi siempre.

– Oye figura, que esto es un lío.

– Sí, tienes más razón que un santo, pero creo que no nos referimos a lo mismo.

– Bueno, no sé a qué te refieres tú, pero ahora, esto con los dos códigos no hay quien lo maneje.

– ¿Por qué? ¿No son claras las listas en las que aparecen etiquetados como “código de toa la vida” y “código nuevo”?

– Es que al estar los dos códigos juntos, hay veces que nos confundimos y luego le asignamos el que no es.

– Mira, pues contra fallos humanos yo no puedo hacer nada. Os lo pensáis y me dices.

Al de unos días, recibo un mensaje (si supiese que el individuo podría llegar a tener vergüenza, pensaría que era por eso por lo que no me llama) que en resumidas cuentas decía más o menos:

“Quitar el contador nuevo y dejar los de antes”

Dedió ser que al intentar pensar en una posible solución (que se la podía haber dado yo, simplemente con listados separados por grupos con la numeración antigua y totales con la nueva, pero claro, llegar a esa conclusión es para nota) sufrío un esguince de meninges y después de unos días de reposo decidió volver a la situación de antes.

Lo malo son las horas desperdiciadas, lo “bueno” es que con usuarios así, es complicado que el resto nos quedemos sin trabajo. Espero que no se jubilen!!!

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Ni lo sé ni me importa

07/10/2010 4 comentarios

Hace unos cuantos días que no comento nada de usaurios ni demás fauna del apasionante mundo de la informática. Y no es que no haya historias, si no que la mayoría tienen que ver demasiado con problemas concretos. Pero hoy os voy a contar algo que, a pesar de tener que ver con una aplicación interna, deja bien claro el tipo de usuario que pulula por las empresas y contra el que tenemos que luchar muchas veces.

Viene el usaurio Modosillo, echando espumarajos por la boca. Pero no, no es que esté enfadado. Su neurona no llega a tanto. La babilla que suelta por la boca no es por mala leche, si no por la incapacidad de andar y controlar la saliba a la vez, con lo que se le quedan por la comisura unos restos blancos que hacen que sea bastante asqueroso mirarle a la cara. Por suerte, los informáticos tenemos fama de que no poseemos grandes dotes sociales, así que puedo hablar con él sin desviar la mirada de la pantalla.

– Qué es lo que ha pasado con esto.

– Hola, buenas. Teniendo en cuenta que no sé lo que es “esto”, como que no te puedo decir nada. – Mentira, sí que lo sé, ya que sólo maneja una aplicación, pero me gusta escuchar los engranajes de esa pobre neurona.

– Pues con este pedido, que está raro.

– Igual es que hoy se encuentra mal. Le has preguntado qué tal ha dormido?

– ¿Qué?

– Nada, que a ver qué le pasa, por qué está raro.

– Pues no sé, pero no está normal.

– No, si ya me imaginaba que estar raro era no estar normal, ¿pero algo más concreto?

– Pues que el pedido estaba ya recibido y “matado”, y ahora está pendiente de recibir.

– Vale… a ver… Sí, mira, lo habéis marcado como recibido y todo, pero luego lo habéis echado para atrás.

– ¿Y eso cómo lo sabes?

– Básicamente porque he entrado en el pedido y me leído la pantalla. Mira, donde pone histórico, ves?

– Bueno, vale, pero a ver por qué si está recibido, ahora está pendiente.

– Como ya te he dicho, porque lo habéis hecho vosotros. Mira, ¿ves estas letras? ¿Donde pone tu nombre al lado de “pasado a pendiente de recibir”?

– Sí, y qué.

– Pues que eso me dice que el que lo ha marcado como pendiente eres tú.

– No, si ya sé que lo he hecho yo. ¿Te crees que no sé lo que hago?

– Yo no me creo nada. Es lo que me has preguntado.

– El problema es por qué me deja hacer eso.

– Muy sencillo, porque lo habéis pedido vosotros.- Yo también me pregunto quién decidió en su día dejarte un ordenador, pero bueno.

– Pero no tendría que dejar. Si el pedido está entregado, está entregado. Punto.

– No, si a los usuarios normales no les deja. Pero uno de los cambios que habéis solicitado es que a vosotros, los administradores de la aplicación, os permita modificar el estado independientemente de cómo esté.

– Pero no tendría que dejarnos.

– Ya, ¿y si un usuario se confunde y hay que echar para atrás algo?

– Te lo decimos a tí.

– Ya, por eso. Después de que estuvieseis diariamente mareando con esos cambios, se solicitó que pudierais cambiar el estado, para no tener que depender de mí. ¿Te acuerdas del jaleo cuando me fui de vacaciones?

– Pero es que nosotros no deberíamos tocar eso.

Ni eso ni nada que sea medianamente electrónico, excepto una silla eléctrica.

– Ya, pero es que vosotros sois los que administráis la aplicación. Es vuestro trabajo.

– Pero es que tendría que aprenderme cómo funciona la aplicación.

– Hombre, teniendo en cuenta que es la única que manejas y que casi todo tu trabajo depende de ella, no estaría mal.

– Pues yo no voy a aprender cómo funciona.

– No, si con eso ya contábamos, por eso al pulsar el botón pide confirmación, explicando lo que puede pasar, mira.

– Noooo, no pulses el botón, que lo descuadras!!!!

– Tranquilo y lee el mensaje. Y luego mira que tienes dos opciones “Sí” y “No”.

– Vale. Pues quita el botón, para que no vuelva a pasar eso.

– Que no, que el botón no se quita. Si quieres, no lo uses, pero no se quita.

– Pues no voy a usar la aplicación. Y voy a decir que es porque no has hecho una buena aplicación.

– Hombre, puedes decir eso, pero teniendo en cuenta de que la usan en casi toda la empresa y al único usuario que le da problemas es a tí, no sé yo cómo ibas a quedar.

– Pues… no voy a aprender a usarla. Y te estaré mareando todos los días con problemas.

– Vale. Lo único que sepas que tengo que reportar mis horas. Y claro, una consulta de año en año no lo imputo, pero si son muchas tendré que reflejarlo en algún sitio.

– Pues…. pues…. adios.

– Venga, adios.

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Una pequeña modificación

07/06/2010 1 comentario

Por muy novato que se sea en esto de la atención al usaurio una cosa que se sabe es que cuando empiezan con la frase “necesitamos una pequeña modificación, un cambio de nada” lo que están pidiendo básicamente es rehacer la aplicación desde 0. Cuando no implica también cambiar los ordenadores, periféricos, mesas, sillas y tirar algún tabique.

Y es que por muy bien que vaya un día, siempre tiene que venir alguien para jodértelo. Y si va mal y estás hasta el cuello metido en el barro, se encargan de traer a un elefante para que te pise la cabeza y luego defeque encima.

Vamos a lo que vamos.

– Hola buenos días, aquí el departamento de informática, ¿en qué puedo ayudarle?

-Uy, qué contento se te ve hoy. Casi hasta me da palo hacerte una petición que tengo, pero como es una cosita de nada, te lo comento.

Tanto palo no te daría, cacho vacaburra, cuando no te lo has pensado ni siquiera durante una milésima de segundo. En flin.

– Venga, dime, que ya estoy curado de espantos.

– Oig, qué cosas tienes. Bueno, te comento. Que queremos que nos cambies una aplicación. Y como es una tontería de nada, a ver si puede estar cuanto antes.

– Pues no sé, antes habría que mirarlo. Y ver el resto de cosas que tenemos.

– Pero es un cambio muy sencillo.

– Bueno, habría que verlo.

– Es que es una nadería. Seguro que con lo hábil que eres, lo haces enseguida.

– Vale, para mañana lo tenéis.

– ¿Sí?

– Pues claro, que aquí trabajamos muy bien. Y sobre todo como ya sabemos exactamente lo que quieres cambiar, no nos va a costar nada.

– ¿Y cómo sabes lo que necesitamos que nos cambiéis?

– Pues porque me lo has dicho.

– Pero si no te he dicho qué hay que cambiar.

– Vaya, te has dado cuenta.

– Qué humor, chico. Qué humor.

– Ya, eso me dicen en casa. ¿Pero me vas a decir qué es lo que queréis cambiar?

– Mira, queremos que la aplicación esta, cuando vamos a guardar un documento nuevo, en vez del guardado que hace normalmente nos guarde una copia en nuestro pc en la carpeta del departamento y otra copia en la web corporativa, y que lo guarde con etiquetas y dentro de la categoría que corresponde.

– Hombre, tan poquita cosa no es eso, ¿eh?

– Pero si sólo es guardarlo dos veces.

– Ya, pero primero habría que ver eso de “la carpeta del departamento” qué es.

– Pues donde guardamos las cosas del departamento.

– No, si algo así ya me imaginaba, que aunque llevo aquí un tiempo, todavía no me he quedado tonto del todo.

– ¿A qué te refieres?

– Nada, nada, cosas mías. Esa carpeta, me imagino que guardaréis las cosas con una estructura, no? Que no metéis todo ahí a saco.

– No, claro, va todo en subcarpetas.

– ¿Y esas subcarpetas serán las categorías luego de la web corporativa?

– Claro.

– ¿Y en qué campos están reflejadas las categorías y demás?

– ¿Cómo?

– Que digo que cómo indicáis las categorías y las etiquetas.

– No se lo indicamos. Que lo coja del texto.

– ¿De qué texto? ¿De un campo de texto?

– Mira, casi mejor si vienes y te lo cuento con la aplicación delante, vale?

– Sí, mejor.

Esto cada vez me huele peor. Y eso que al principio no olía a agua de rosas. Me presento en el puesto de vacaburra y me dispongo para mi sacrificio en honor al Dios de los usaurios.

– A ver, ¿me enseñas la aplicación y lo que queréis hacer?

– La aplicación es esta, y lo que…

– Espera. ¿La aplicación que queréis que os modifique es esta?

– Eso te he dicho. ¿Pasa algo?

– Bueno, realmente pasa más que algo. Eso es el Microsoft Word.

– ¿Y qué? Si es un programa, podrás modificarlo, no?

– Tú has visto últimamente alguna película en la que salen hackers, no?

– ¿Qué tiene eso que ver?

– Pues que lo de llamarle con nombre y apellidos a la aplicación no es porque suene mejor. Microsoft, ¿te suena?

– Sí, son los de los ordenadores, no?

– Haré como que no he oído esa respuesta. El Word es una aplicación cerrada. No se puede modificar para cambiar su comportamiento normal y que haga otras cosas.

– Vamos, que tú de ordenadores lo justito. No será que no sabes cómo?

– Sí, será eso. Mira, vosotros seguir como hasta ahora, que lo voy a estudiar y consultar con mi jefe.

– No, es que así no podemos seguir, que tenemos que duplicar el trabajo.

– No, no es duplicar el trabajo.  El trabajo lo haces una sóla vez, lo que tienes que hacer luego es guardarlo en dos sitios diferentes.

– Pues eso, que hago las cosas dos veces. Nosotros así no podemos trabajar.

– Vale. Entonces mándame un mensaje con copia a mi jefe y al tuyo explicando la petición y si quieres puedes poner que no podéis trabajar hasta que esté hecha la modificación.

– Bueno, yo lo pongo, pero luego si tienes problemas con tu jefe yo no quiero saber nada, eh?

– Na, tranquila, que yo no voy a ser quien va a tener problemas con su jefe. Adiós.

Ni que decir tiene que cuando llegó la petición nos alegró el día. Y efectivamente, la vacaburra se acordó de poner a su jefe en copia del mensaje. Desde entonces no nos ha pedido ni agua.

Peticiones de ná.

25/05/2010 Deja un comentario

Con el tiempo se va aprendiendo, pero al principio, cuando todavía eres un novatillo en el trato con los usaurios, éstos te la suelen colar sin que te des cuenta.

La mayoría no lo hace con mala intención. Es más, no lo hacen con ninguna intención, porque para ello se necesitaría que fuesen animales racionales en lugar de amebas con extremidades. Para ellos las peticiones que te hacen son tan normales como el respirar o el caminar.

Vamos, que igual que para respirar tienen que concentrarse y para caminar suelen tener que ir mirando al suelo y pensar en el pie que hay que mover en cada momento, para comunicarte una petición tienen que estar absolutamente concentrados en poner la palabra adecuada detrás de su predecesora, y así no les queda ninguna neurona libre para la malicia.

El caso es que hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, unos usaurios me llamaron para pedir unos cambios:

– Necesitamos que cambiéis la aplicación, que no nos funciona bien.

– Lleva tiempo sin quejarse nadie de ningún otro departamento, pero bueno, ¿qué os pasa con la aplicación?

– Pues que no nos avisa si escribimos algo mal.

– Ya, pero es que esta aplicación es para registrar solicitudes y demás, no un procesador de textos.

– Pues el Word, cuando escribes y te confundes, te lo pone subrayado en rojo.

– Sí, claro, pero es que el Word SÍ que es un procesador de texto.

– Pues queremos que el programa este haga lo mismo.

– Pero esa opción ya está. Mira, ves ese botón de ahí, el que pone “Revisar Ortografía”. Pues si le pulsas, te avisa de las palabras incorrectas.

– Ah, pero hay que darle. Queremos que salga según escribes, como el Word.

– Pero es que programar eso es una pérdida de tiempo, teniendo ya el botón.

– Ya, pero queremos eso. Además, no funciona bien.

– ¿Cómo que no funciona bien?

– Es que hay muchas palabras que no las encuentra bien.

– ¿Sí?, ¿cuáles?

– Mira este ejemplo.

Miro la pantalla y…

– Ya, pero es que eso no te lo va a detectar ningún diccionario.

– ¿Por qué?

– Porque son nombres y apellidos… en Euskera.

– ¿Y no podéis cambiar el programa para que los detecte?

– Pero si es que eso lo podéis hacer vosotros: Cuando pulsáis la “Revisión Ortográfica”, podéis añadir la palabra al diccionario con la opción “Agregar al Diccionario”.

– Que no, que no queremos tener que pulsar el botón de “Revisión Ortográfica”. Además, para añadir una palabra, lo tendríamos que hacer nosotros. ¿No se puede hacer que lo añada automáticamente?

– ¿Automáticamente? ¿Qué palabras, las que detecta que están mal o sólo las que pensáis vosotros?

– No, las que queramos nosotros.

– Y al ordenador se lo decís… ¿cómo?

– No sé, no somos informáticos, pero queremos que lo detecte automáticamente.

Aunque era novato, una cosa sí que sabía: el momento en el que el usaurio entra en un bucle, es mejor salir corriendo.

– Bueno, pues proponerlo por escrito, que queréis un corrector ortográfico como el del word.

– Oye, ahora que lo dices, hablando del word…

Ordena…qué?

06/05/2010 2 comentarios

Vale, estoy de acuerdo en que a la hora de solicitar un puesto de trabajo se puede “inflar” un poco el curriculum. Yo no lo suelo hacer, pero entiendo que haya gente que lo haga, especialmente si es sólo un poco.

Además, teniendo en cuenta que en las entrevistas las empresas también se inflan, y mucho más de lo que podamos maquillar nosotros nuestra experiencia, pues lo uno por lo otro.

Lo que no es de recibo es decir que eres experto en ofimática y… vamos al lío:

A la nueva secretaria:

– Oye, me tienes que pasar este texto (de 4 páginas), cambiando las fechas y lo que está marcado.

– Vale.

Al día siguiente:

– Toma, aquí esta. (Entregando las 4 hojas)

– Vale, aunque me lo podías haber mandado por correo (cara rara de la secretaria) bueno, es igual, lo repaso y te digo si está bien.

Pasa un ratillo.

– Oye, mira, que aquí, aquí y aquí está mal, cámbialo y me lo pasas que el resto está bien.

– ¿Y tengo que hacerlo otra vez entero?

– ¿Cómo?

– Que si tengo que escribirlo otra vez todo.

– No entiendo. ¿No lo has guardado?

– ¿Guardado? no sé, yo lo que hago es esto.

Y explica su procedimiento para sacar documentos con el procesador de textos:

1.- Escribe la página.
2.- Cuando llega al final de la hoja, lo imprime
3.- Selecciona la página y la borra
4.- Vuelve al punto 1.

Y obviamente, cuando acaba, cierra sin guardar (que por lo menos tendría la última página ya hecha).

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