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¿Qué ven nuestros hijos?

Estos días, no sé cómo, hemos puesto a nuestras diablillas una serie de hace un tiempo, y me he llevado una sorpresa. Las estamos intentando “educar” en el “buen gusto cinéfilo”: las ponemos los clásicos de toda la vida, y ellas los disfrutan como recuerdo que nosotros lo hacíamos. (Básicamente para sacarnos de la mente a la mardita Peppa pig y a las Winx, jeje)

No sé la de veces que hemos visto a Dorothy aplastar a la bruja del este con su casa, o a los Munchkins diciéndola que tiene que “seguir el camino de baldosas amarillas” (hasta hemos bailado la canción… aunque siempre lo negaré en un juicio). De hecho hasta la hemos visto alguna vez en VOS.

Aunque en ocasiones se traban con algunas palabras (la mayor, si lo dice de carrerilla siempre le sale “celebro” en lugar de “cerebro”), pero dicen perfectamente “supercalifragilísticoespialidoso”, e incluso repiten trozos de la canción. Sí, ésta que parece un trabalenguas de principio a fin.

Saben cómo utilizar el hechizo de la locomoción sustitutiva mediante las palabras mágicas “treguna mecoides trecorum satis di”, aunque prefieren intentar convertirme en conejo con “por aquí, por allí, en animalito te convertí”.

Andan buscando como locas un teléfono para llamar a su casa.

Ponen trampas en la casa para evitar que vengan ladrones al haberse quedado “solas en casa”.

Se pueden enfrentar a cualquier persona, bien sea en un duelo a espada, con la fuerza o con la inteligencia, y salir victoriosas. No sin antes despedirse con un “Me llamo Nerea. Tú mataste a mi padre. Prepárate a morir”.

Así que, al ver que teníamos la serie, decidimos ponérsela. Y me quedé sorprendido: una serie así hoy en día sería impensable que pasase por los filtros del guionista, el productor de TV, las cadenas de TV y las asociaciones de padres que velan por la santidad de nuestros hijos quejándose por todo. Me refiero a Pippi Calzaslargas. Y es que, ya sólo en los dos primeros capítulos se ve:

– Hay una niña viviendo sola en una casa. Con animales (un caballo y un mono). Dentro de casa (repito, ¡¡¡un caballo!!!).

– Maneja ella el dinero.

– Cocina ella. Por supuesto come lo que quiere.

– Se ríe de los adultos.

– Se ríe de la policía (incluso les pega)

– No va a clase, o va cuando quiere y la abandona cuando le apetece. En el rato que está no hace caso a la profesora, va a su bola.

– Se compra lo que quiere, cuando quiere. Y vacía una pastelería para dársela a los niños del pueblo.

– Se suben en los muebles, saltan de unos a otros, se cuelgan de las lámparas, tiran sillas por las ventanas,…

Y repito, eso sólo en los 2 primeros capítulos.

Y claro, las dos diablillas emocionadas viendo todo lo que se podía hacer viviendo a tu aire. Tanto que nos dijeron que se querían ir a vivir solas.

No sé, lo comparo con el ñoño de Mickey y compañía y me resulta curioso. O con los dibujos de ahora (Gormitti, winx, Monster High, Peppa Pig, Phineas y Ferb,…) y sí, algunos pueden ser más bestias (Gumball u Hora de Aventuras), pero en la mayoría, por mucho que se peguen y demás siempre tienen su dosis de “moralina”.

Cómo cambian los tiempos.

O qué mayor me estoy haciendo.

 

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Categorías:hijos, TV-Cine
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