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Gente rara

Ahora que utilizo a diario el transporte público me doy cuenta de la cantidad de peculiaridades que se pueden observar si estás un poco atento.

Generalmente voy con la cabeza en mi ebook, devorando las letras unas veces (como ahora, con la Danza de Dragones de Canción de hielo y fuego) y otras tragándolas entre arcadas y a regañadientes (como el anterior, del que ya haré una reseña) aderezado casi siempre con un poco de música. Eso sí, a un volumen normal para no molestar al resto de viajeros y siempre con cascos.

Pero hay días en los que la batería del mp3 se ha acabado, o que estoy más distraído y me encuentro con escenas curiosas:

– Una viajera con la que coincido a diario, que estoy por preguntar qué compañía telefónica tiene, ya que todo el trayecto (coincidimos tanto en el metro como en el cercanías de renfe) se lo pasa hablando por el móvil: tiene una cobertura cojonuda y tiene que pagar un pastizal al mes ya que el viaje total pueden ser 45 minutos y de esos 45 puede estar 44:30 pegada al móvil. Debe trabajar en una hot-line, si no, no me explico cómo se puede hablar tanto. Vale, igual también tiene que ver el que soy hombre y generalmente nuestras conversaciones por teléfono suelen durar a lo sumo 3 segundos. 4 si hay mala cobertura y tenemos que repetir algo.

– Un viajero de los “ansiosos”: una parada antes de llegar al destino se intenta colocar el primero en la puerta. Luego se hace el recorrido del transbordo corriendo, empujando a quien se ponga en medio. Ya en el andén, esperando al metro, se pone donde prevé que va a parar una puerta y si no sigue la más cercana empujando al resto. E intenta sentarse siempre, pasando por encima de quien sea. Como ya le tengo calado, un par de veces me he puesto firme y se ha tenido que aguantar. Pero lo que más me enferma es que tiene puesta la alarma del móvil cada 5 minutos. No sé si es que no sabe quitarla o por si acaso se duerme en el tren, pero es estresante.

– Una señora, un tanto mayor. Iba sentada al lado de una papelera leyendo una revista. Y por cada hoja que leía, la arrancaba y la tiraba a la basura. No sé, será que era un número atrasado y ya habían caducado las páginas y hasta olían mal o algo parecido, si no, no me lo explico.

Y como estos, un sinfín de fauna que hace que los trayectos sean más entretenidos. O no.

P.D.: estaré atento por si hay por ahí algún blog donde hablen de un tipejo que va siempre leyendo, con cascos y a veces moviendo los labios como si estuviese cantando, jejeje

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