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De tal palo…

El refranero español es muy socorrido, y en multitud de ocasiones nos suelen venir a la cabeza expresiones que pertenecen a nuestro legado cultural.

Ayer mismo estando con las diablillas en el parque, presencié una actitud de un chavalillo que, al conocer a su familia, me resultó el vivo ejemplo del refrán que da título a la entrada de hoy.

Estaba yo con la pequeña, un poco atento a la situación porque una niña había decidido que quería una muñeca, y como la única que había en varios metros a la redonda era la de mi hija y la “ladrona” era mayor, se la quitó de las manos. Mi diablilla, cómo sólo sabe sacar las garras con su hermana pero haciendo alarde de su “viveza”, no intentó nada con la chica; siguió jugando a lo suyo, prestando más atención que hasta entonces al columpio que tenían al lado. Entonces la otra niña se interesó por lo mismo, dejando al bebé abandonado, momento en que aprovechó mi peque para recuperarlo. Así que después de presenciar la eterna lucha de los parques, me fijo en otro niño, porque sé que va a hacer que la tarde sea más divertida.

Un rato antes ya había recibido una reprimenda por parte de una madre por pegar a una niña que estaba jugando ahí, así que me dije que hoy iba a estar entretenido con el mini-macarra.

Mientras estaban jugando a algo que no supe descifrar, apareció una china de, más o menos, su misma edad. Entonces el niño le dice:

– A ver, chinita, ¿qué nos vas a vender hoy?

Me quedé un poco sorprendido, porque me parecía demasiado incluso para él, pero eso fue sólo el comienzo. Otro niño del parque le dijo que esa niña iba a su cole, y que vivía aquí al lado. Y algo hizo conexión en su cabeza y lo vomitó su boca:

– Qué es, ¿tu vecina? Pero si ésta duerme en un saco en la tienda, que no tiene casa. Venga, chinita, a dormir a la tienda.

Me quedé flipado. Un mocoso de 5 años portándose así. Aunque claro, mientras él decía esas burradas, estaba viendo a su padre o a su abuelo soltando esas perlas. Pero continuó: en el parque había también un negrito (bueno, mulatillo más bien, que no era muy oscuro), y como la chinita se había ido a jugar con sus amigas, el nuevo blanco de sus acciones fue este chaval. Y no, no he pretendido hacer un chiste.

– Hola negrito… Te vamos a arrancar la nariz… y la piel… negritoooo. – y dicho con un tono de voz con el que intentaba dar miedo.

Casi tengo que recoger los ojos del suelo de lo que se me salieron de sus órbitas. Impresionante.

Y todavía tuvo suerte de que el negrito al que quería arrancar la piel pasó de él, porque tenía varios años más y le sacaba dos cuerpos.

Eso sí, la madre estará toda orgullosa, porque lo único de lo que se enteró ayer era de que su hijo… estaba jugando. No se enteró de nada: ni de la primera bronca de la otra madre a su hijo, ni de los improperios que salieron luego de la boca de su churumbel, ni de nada. En flin.

 

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