Inicio > relato > Fin

Fin

No sé cómo empezó todo, o al menos no exactamente, pero sí sé como va a acabar. Y cuándo. Dentro de unas horas, unos pocos días a lo sumo, la raza humana va a dejar de existir. Lo que será un gran alivio para todas las especies animales y vegetales.

Soy la última persona viva, o al menos la única que queda en los censos oficiales. Es posible que en alguna selva, en los polos, en montañas inaccesibles hayan subsistido seres humanos aislados, pero no muy probable, ya que todos los gobiernos de todos los países han peinado cada centímetro cuadrado del planeta intentando buscar una cura. Pero como se puede comprobar, nadie tuvo éxito.

No soy biólogo ni virólogo ni nada similar, pero en estos años todos los habitantes del planeta nos hemos hecho expertos en la materia. Todos sabíamos que el comienzo del fin se debió a una mutación espontánea de ciertos virus que hasta hacía unos años estaban erradicados de la faz de la tierra, o al menos muy controlados. Pero una nueva moda expandida por todo el mundo con velocidad alarmante indujo a un número demasiado alto de padres a la idea más estúpida de entre todas las ideas estúpidas que habían surcado las mentes de los extintos habitantes de este planeta: no proteger a los recién nacidos frente a enfermedades conocidas y controladas.

Al principio no ocurrió nada ya que en los comienzos, la inmunidad de grupo actuó a favor de los defensores de la no vacunación. Más adelante los sucesos eran lo suficientemente aislados como para no alarmar a las autoridades. Para cuando decidieron tomar medidas, éstas fueron ineficaces.

La versión oficial decía que la epidemia era una mutación conjunta (algo inusual) del virus del sarampión, de la rubeola y una nueva cepa de gripe. Vamos, algo completamente fuera de cualquier previsión o estimación que se pudiera hacer. Básicamente porque las dos primeras, al estar incluidas en la vacuna triple vírica, se consideraban prácticamente erradicadas.

El aumento del número de casos de estas enfermedades habían propiciado que se incrementase la cantidad de virus “vivos”, y estos, por simple probabilidad estadística, habían mutado hacia cepas más peligrosas. Y combinados eran mortales. Pero lo peor de todo era la alternativa: una vacuna que en un porcentaje muy reducido de los casos protegía frente a los virus pero que en el 100% de los pacientes provocaba la esterilidad.

La decisión era imposible: lo humanidad moriría rápidamente o agonizando.

Se intentaron crear reservas de personas “limpias”, tanto en emplazamientos protegidos con muros, alambradas y torres de vigilancia (lo que hasta este momento se consideraban cárceles) que no tenían reparo en repeler cualquier acercamiento mediante disparos, como subterráneos en bunkers nucleares adaptados. Y, como suele pasar siempre, sólo para la élite: políticos, empresarios y en definitiva quien pudiera pagarse la estancia. Esto dejaba poco lugar para los científicos, pero el pánico no deja pensar. Y menos a personas que no estaban acostumbradas a ello.

Un problema añadido era que el período de incubación era altamente variable y podía oscilar desde un par de días hasta meses, lo que hacía prácticamente inviable las cuarentenas.

La desconfianza era general, y los asesinatos se convirtieron en el modo de vida de multitud de personas: si alguien se acercaba a pocos metros y no retrocedía ante el primer aviso, el segundo era mortal.

Aunque esto tampoco era solución, pues se vio, de nuevo demasiado tarde, que deshacerse de esos cuerpos era altamente arriesgado por el alto riesgo de infección. Por otro lado, si no se tomaban acciones, podían llegar a contaminar las reservas de agua.

Esto, que lo he relatado en pocos minutos, fue una guerra que duró más de 40 años. La última guerra. Y esta sí que ha sido mundial. Todos contra todos. Un país contra el de al lado por enviarle refugiados. Vecinos disparándose por las ventanas por desconfianza. Hermanos asesinándose entre sí.

Se hicieron mal muchas cosas. Ahora, con perspectiva, es fácil verlo. La población en general no estaba informada. El conocimiento científico para comprender el funcionamiento y la importancia de las vacunas de la inmensa mayoría de la población era nulo o casi. Los gobernantes estaban más preocupados de la opinión pública y de ganar dinero que de tomar medidas impopulares. La forma de recabar información más utilizada era visitar foros en internet, donde cualquiera podía poner la mayor de las burradas y no se necesitaba contrastar ninguna opinión.

Si queda algún superviviente, por favor, que tome nota y que no repita los mismos errores. Y suerte en la nueva Tierra.

Basado en esto y todas las noticias que hay últimamente sobre el tema.

Anuncios
Categorías:relato
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: