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Amenizando el cine

Siguiendo con la nueva sección de cosas que me sacan de quicio, y después de seguir el enlace, hoy voy a descargar mi ración de mala gaita contra la gente que no sabe dónde entra cuando va al cine.

No sé si es que mi MR y yo somos raros o qué, pero cuando vamos a ver una película al cine lo que nos suele gustar es ver la película. Y quiero desconectar del resto durante las 2 horas que dure. Por ello, para ir “preparándonos”, nos gusta llegar antes. Generalmente unos 10 minutos antes, para hacer todo lo necesario antes de que empiece: ir al baño, apagar/quitar sonido de móviles, organizarse con la ropa (sobre todo en invierno),…
Lo primero que me saca de quicio son esos que entran, se paran en la escaleras y uno pregunta:
“Oye, ¿qué asientos tenemos?”
su compañero contesta:
“Es igual, siéntate en cualquiera y si vienen los de ahí ya nos moveremos”
Pero es que además esta fauna siempre coincide que se sienta en las butacas de mi segundo grupo favorito, los que llegan 10 minutos tarde. Así, tienes un baile de personas cuando ya ha empezado la película que no hace más que incordiar, porque además siempre (sí, siempre) entran por el lado de la fila más alejado de sus asientos.

Otros incívicos que merecen mención son los que ponen los pies en el cabecero de la fila de delante. Aunque, todo hay que decirlo, algunos tienen el detalle de quitarse los zapatos para no manchar.

Más “amenizadores” de la velada son los que no pueden soltar el móvil en ningún momento, que no sé si es que lo están grabando todo, twitean cada frase, o qué. Pero el caso extremo es el de hace poco, que se pasó la película entera con el móvil pegado en la oreja escuchando un partido de fútbol.

Siguiendo con grupos de indeseables, están los que parece que no han comido en la vida. Vale que entres con palomitas y bebida o algo más, pero a poder ser, cosas que “no ronchen” (Faemino y Cansado Tm), por favor. Pero es que he coincidido con gente que saca de la mochila bocadillos con su papel de aluminio, latas y cosas para picar. O hasta gente entrando con la caja de Telepizza.

O padres que tienen muchas ganas de ver una película pero no tienen con quién dejar a los hijos. Y claro, ver Enredados con niños gritones puede ser normal y admisible, pero ir a ver Asesinos de Élite con peques de unos 5 años me parece como para sacarles del cine a rastras. A los padres.

Pero creo que muchos de estos problemas se arreglarían si, como antaño, volviesen los acomodadores. La gente se sentaría en sus asientos, no se instalarían como en sus casas, se hablaría más bajo y se controlaría el el uso del móvil, no se permitiría entrar con comida de fuera.
No, espera, esto último ya lo hacen: sólo te dejan entrar con comida comprada en el bar/tienda del propio cine, varios euros más caro de lo normal. Y lo del móvil también… siempre que parezca que estás grabando la película. Si “sólo” hablas, no te dicen nada.

A ver si al final va a ser que la culpa de que la gente prefiera ver el cine en su casa no va a ser sólo de la piratería, si no también de que los cines se han convertido (o los están intentando convertir) en una máquina de hacer dinero sangrando a los asistentes. Y no soy el único que lo piensa.

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