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Éramos pocos…

No nos bastaba con los contubernios habituales de los columpios, no. Tenían que venir “elementos extraños” para hacer más entretenida la estancia.

Ayer, mientras las diablillas se divertían en los columpios apareció un personaje repartiendo globos.

Pero es que el tío iba un pelín sobrado. Muchas veces nos hemos cruzado con los típicos que van disfrazados y te hacen formas con los globos, y alguna vez las he dejado a las enanillas que cojan el “regalo”. Pero el de ayer me puso de mala leche: se metió en el recinto de los columpios e iba controlando a los niños que estaban cerca de sus padres y les daba un globo, e insistía si el niño le rehuía. Además, el atrezzo no estaba muy conseguido: un chándal y una bolsa del cortinglis.

Tanto insistía y perseguía a algunos niños que llegué a pensar que era un padre más que les daba globos a los peques a la vez que jugaba con ellos. Pero se acercó a mis brujillas y vi que era un “profesional”, así que nada, me puse entre medio a modo de muro infranqueable y las llevé para otra zona. Qué iluso. El tío nos siguió, poniéndolas los globos en las manos. Yo le dije varias veces que no, que muchas gracias pero no. Al final, como las niñas debieron pensar que era un juego me esquivaron y cogieron cada una un globo. Vale, tú ganas. Las niñas se quedan con los globos. Las cogí y salí del recinto de los columpios. Ellas jugando con los globos y el tipo detrás nuestro. Le miré y me encogí de hombros. El problema es que el tiparraco me sacaba más de una cabeza (y mido más de 1,80 m) y era como dos yo a lo ancho, que tampoco es moco de pavo. Y seguía detrás nuestro.

Al final, cuando me giré para decirle que si quería los globos se los quitase él a las niñas, la mayor se lo devolvió, y a la peque la dije que se lo diese al señor y que le dijera gracias por dejarnos jugar con sus globos. El tipo se fue murmurando y con mala cara. Peor para él.

Pero es que me saca de quicio los que juegan con las rabietas de los niños para conseguir sacarte dinero (y sí, también me refiero al Dr. Estivill 😉 ). Para estos casos hay un método infalible y es decirle a los niños para que lo oiga el “individuo”: Dale las gracias a este señor por regalarte un lo_que_sea. Si el tipo nos dice algo, la respuesta es: Tú se lo has dado, tú se lo quitas, pero a ver cómo.

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Categorías:hijos Etiquetas: ,
  1. 01/04/2011 en 13:37

    Yo pa’ eso soy mu apañá (como si no tuviera abuela, pobrecita) el domingo tengo sesión de globos, y las espadas, flores y perritos no pueden faltar, así que mis peques tienen claro que no lo pueden coger, que ya se lo haré yo en casa, pero si insiste y se queda allí esperando, pues que se joda, al final los niños se lo acaban devolviendo y con el tiempo se dan cuenta que se trata de un extraño tipo de comercio.

    Espero no tener que dedicarme nunca a ello, pero como la ingeniería no tenga futuro me voy a las Ramblas a acosar a los peques con globos.

    Lo que me fastidia más es la sensación que en cualquier momento algún niño pueda desaparecer, no me fío ni un pelo.

  2. 01/04/2011 en 14:04

    Es eso lo que fastidia, que bastante es tener que parecer un camaleón por tener un ojo pendiente de cada diablilla, para que de repente venga alguien a tocar más las narices.
    Yo también me he hecho con un pequeño manual para los globos y las suelo hacer figuritas.

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