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En el parque

Hace tiempo que no escribo nada sobre parque infantiles y/o columpios, así que aquí vuelvo.

La verdad es que en todo este tiempo desde la última entrada, si no he puesto nada es porque no ha sucedido nada reseñable, o al menos nada que no haya comentado ya de alguna y otra forma. Eso sí, mi teoría es que esta falta de “noticias” no es causada por una mejora en las relaciones entre niños (y adultos), si no que principalmente se debe a que en invierno el número de especímenes que puebla estas placas de Petri para el estudio de la sociedad es menor, y casi siempre los mismos. Y como ya nos conocemos todos, los roces son menores.

Pero ya está empezando el buen tiempo y el número de pequeños diablillos crece de forma alarmante, especialmente los primeros días de rayos de sol, que parece que estuviesen todos esperando en la puerta de casa y en cuanto brilla un poco nuestra estrella, salen escopetados.

El caso es que ayer, en los columpios sucedieron varias cosas, pero una me hizo gracia y me sirvió para comprobar que si un niño puede ser más o menos bueno, compartir más o menos cosas, los que suelen ser bastante “peores” son los abuelos, especialmente cuanto mayor es la diferencia de edad. (Y dicho esto con cariño que bastante tienen los pobres, algunos con más de 70 años, con estar cuidando de una fierecilla).

A lo que iba, que ayer llegó un niño (no me sonaba) a los columpios con una rueda de esas que tienen un palo y unas bolas con sonajas dentro, y mi diablilla menor fue enseguida a por ella. Mis bichillas tienen una técnica que les suele dar resultado, y es que cuando no tienen confianza, se ponen cerca de lo que quieren y ponen carita de pena, y estiran tímidamente la mano. Al verlas, generalmente el adulto que acompaña al niño suele dejarles el juguete. (Cómo saben las jodías!!!). En esto que mi diablilla pequeña se pone al lado del niño y alarga un poco la mano, tocando un poco el palo de la rueda pero sin llegar a cogerla. Entonces se pone el abuelo del niño entre mi hija y su nieto. Y a medida que se iba moviendo el chavalín, el abuelo a su lado, escoltando los flancos. Mi hija intentando esquivar sus piernas, y el nene pasándoselo pipa con el nuevo juego.

Mi brujilla, al ver que no conseguía lo que quería se fue a jugar a otro sitio, sin más. Pero al de un rato el nene vio un coche de juguete y lo cogió, soltando la rueda. Entonces mi hija que lo vio, fue para ahí a coger el juguete. En cuanto el abuelo se percató de lo que iba a pasar, se agachó (con bastante esfuerzo), cogió la rueda e intentó por todos los medios que su nieto la cogiese. Le llegó a abrir la mano y le puso el palo de la rueda en ella, pero el niño prefería el coche. Al final el abuelo prefirió salir del parque y llevarse la rueda.

Y es lo que decía, que al niño no le había importado lo más mínimo (al parecer) compartir y jugar con mi hija, pero el abuelo tenía otra cosa en mente.

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