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Vienen pegando fuerte

Lo que por un lado es algo lógico, por otro no deja de sorprendernos.

La diablilla menor va creciendo, lo que es lógico. Pero al tener un referente tan cercano, lo hace más rápido que lo ha hecho la mayor. Me imagino que es algo normal, y creo que será así en la mayoría de los casos, pero (y esto es una opinión personal, como todo el blog por otro lado 😉 ) que al tener tan poca diferencia de edad, ese aprendizaje por imitación es más acelerado. Me explico.

Si hay varios años de diferencia, las cosas que hace el niño mayor son tan diferentes de las que puede hacer el pequeño, que es posible que intente imitarle menos, o al menos sólo en cosas en las que se sienta más o menos seguro: la forma de sentarse, cómo caminar,… cosas de esas.

En cambio, como es nuestro caso, al llevarse tan poco tiempo entre las dos, las cosas que hace la diablilla mayor son tan parecidas a las que (cree que) puede hacer la peque, que intenta imitarla en todo. Luego además si se junta con que la mayor es un poco menos atrevida y a veces cautelosa para algunas cosas y la peque se lanza a la piscina sin importarle nada (literalmente, comprobado este verano), los resultados pueden ser sorprendentes.

Por ejemplo, la mayor tardó más en aprender a andar, le costó tiempo subir y bajar de algunos columpios ella sola y cosas de esas. La peque comenzó a andar mucho antes (varios meses antes) y lo de los columpios… bueno, digamos que hay algunas madres/abuelas a las que las cuesta creer la edad que tiene. Así que claro, hay que andar con mil ojos y con las manos dispuestas para cualquier imprevisto: a este paso voy a tener más reflejos que un gato!!! Eso sí, no sé si nuestra salud va a aguantar: el otro día, decidió que estaba cansada de columpiarse, así que se quiso bajar. Pero en lugar de esperarme, se lanzó cuando el columpio iba bastante rápido. Conclusión, ella “excitada” por la adrenalina (¿a esta edad la adrenalina “trabaja”?) de saltar en el aire y que te cojan al vuelo; yo con la muñeca dolorida y un golpe en la pierna al tratar de para el columpio que venía para que no la diese.

Pero lo de ayer… La echo en la cama. Últimamente se suele dormir muy rápido, pero mucho: es meterla en la cama y en 2 ó 3 minutos puedo salir de la habitación. Ayer, al acostarla, se quedó relajada, como de costumbre. Espero los minutos de rigor para asegurarme de que se queda tranquila, y de repente oigo un sutil ruido de sábanas. Me agacho para ver si se ha destapado y arroparla y… no noto nada. No hay niña. De repente noto que una manita me da unos gopecitos en la pierna, desde atrás. La joía se había bajado sin hacer ruido (completamente a oscuras y esquivando la barrera y la escalera de la litera) y me estaba llamando, riéndose, para tener un poco de “fiesta”.

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