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Picante…

Y no, si has entrado aquí buscando fotos picantes o vídeos subidos de temperatura, te vas a encontrar con esto otro.

Sí, lo siento, pero por aquí no habrá cosas de estas, que luego entra la MR y tengo que dormir en el sofá… y aunque puedo asegurar que es cómodo, no es lo que más me gusta para pasar una noche. Especialmente ahora que empieza el frío.

A lo que me refería con el título es a la comida picante. Me gusta bastante, y como suelo estar acostumbrado a tomar las cosas con un poco de “alegría”, suelo tolerarlo mejor que mis compañeros habituales de mesa, así, los que me conocen, cuando me preguntan si algo pica y les contesto que no, suelen hacerme especificar “pero no pica para tí, o para los demás”.

Eso sí, suelo tener cabeza, y no me meto cantidades industriales de picante. Me gusta la sensación del picor y el saborcillo, pero no tener la lengua como un estropajo ni quemar las cejas de quien esté sentado enfrente mío. Así, por ejemplo, en México, cuando pedí picante en un restuarante buffet, varios machos alfa que estaban en la fila conmigo empezaron a echar salsa (creo que chipotle) como si fuese ketchup. El camarero les miró sonriendo. Cuando me llegó el turno, le pedí al camarero que me echase la que él pensara que estaba bien para acompañar. Cogió la cuchara y me echó unas gotitas mientras me decía, señalando con la cabeza a los otros “tú sí sabes”. Por cómo me picó me imagino que los canis de delante mío tuvieron que pasarlas moradas, porque además, el picante “pica cuando entra, pica cuando sale”.

Eso sí, una vez lo he pasado mal de verdad con un plato picante. Pero por desconocimiento. Fue en un restaurante de Madrid. No pude acabar el plato. Me metía cubitos de hielo en la boca y ni los notaba. Y me hubiese venido bien tener estos consejos que os voy a dar ahora, y que es la razón del post y el rollo que os he metido hasta ahora:

Lo mejor para el picante: primero, comer un poco de pan (miga, preferentemente) para limpiar los restos  de capsaicina que puedan quedar por la boca.

Y después, beber leche. Si tienes intolerancia a la lactosa… bueno, pues intenta meter grasa más o menos líquida en la boca. Si tienes la suficiente elasticidad podrías incluso darte un mordisco en la tripa cervecera, matando así tres pájaros de un tiro: Te quitas el picor, con el dolor del mordisco te olvidas del picante y te quitas unos kilitos de más. Bueno, a no ser que tengas la boca como el “guapo” de los hermanos Calatrava, serán unos gramos.

El agua (o “derivados”, como la cerveza) puede darnos la sensación momentánea de alivio si está bien fría, pero es eso, una sensación, ya que la molécula que causa el picor no se disuelve en agua, pudiendo aumentar el malestar al “remover” los restos picantes que pudiésemos tener en la boca.

Esto está mejor explicado (como suele ser habitual) por aquí, además, como bola extra tenéis una receta de té. Si os gusta. Bueno, realmente la receta también está si no os gusta, pero bueno, ya me entendéis.

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