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Pequeñas Bestias Pardas

Vuelvo a uno de esos temas que se repiten por aquí. Los maravillosos parques infantiles, o columpios, o como queráis llamarlos.

Y digo maravillosos porque para un sociólogo podría suponer realizar una tesis de final de carrera en dos días. O por lo menos tomar datos para ello.

Igual que a la tribu de las arpías ya las tengo localizadas, también tengo fichados a un par de engendros endemoniados del género masculino. Masculino-Destroyer para más señas. Hay por ahí algún otro que hay que tener un poco vigilado, pero no suele entrar dentro del recinto “infantil” más que para alguna escaramuza en la que toma algún rehén despistado y se dedica a infligirle todo tipo de sufrimientos. (¿Habéis visto alguna de la saga Saw o Hostel? Si es que sí, os hacéis una idea.)

Hoy me voy a centrar en contar dos sucesos con dos de esas bestias pardas en tamaño bolsillo.

El primer caso: llega destroyer 1 y le intenta quitar a una niña pequeña (muy pequeña, poco más de 1 año) una rueda (esas cosas que tienen un palo largo y al final una especie de rueda con “sonajeros” dentro). La niña, obviamente, no se lo quiere dejar. Entonces, el padre, sin saber lo que se le venía encima la dice: “cariño, hay que compartir, déjasela al nene”. La niña no lo suelta. El destroyer 1 intentando quitársela, y el padre insistiendo en que se la dejase. Al final, como la más débil era la pobre niña, perdió su batalla. El destroyer 1 se salió con la suya. Y con la rueda. Entonces, se aleja un poco (por suerte) y como si el jodío enano fuese un aizkolari, levantó la rueda por encima de su cabeza, y con la fuerza que le permitieron sus brazos, la estampó contra el suelo, rompiéndola en unos cuantos trozos. Tiró el palo al suelo, y se fue, dejando al padre con cara de tonto (más) y a la niña llorando, y mirando a su padre con cara desconsolada. Obviamente, la madre estaba unos cuantos (cuantos) metros más lejos, sin enterarse de nada, a lo suyo. Con este angelito, ya han tenido mis diablillas algún encuentro. Se solucionó con un “consejo” y una mirada, al estilo de Phil Dunphy. Desde entonces las deja tranquilas. Hay muchas niñas a las que incordiar, como para preocuparse por dos que suelen tener a su padre cerca.

El segundo caso es peor. Más que nada porque le pasó a la diablilla mayor. Llegamos a los columpios y como estaban ocupados la mayoría, sacamos la bolsa de juguetes. Desparramamos el contenido por el suelo, y se convierte eso en un stand haciendo regalos en FITUR. Se ponen a jugar todos, más o menos bien, ya que siempre hay más de un niño que quieren el mismo juguete, pero bueno, ley de vida. De repente, aparece destroyer 2 de la nada (yo creo que se materializó allí mismo, porque luego olía un poco a azufre) y con todas sus fuerzas pegó un pisotón a uno de los juguetes, partiéndolo en tantas partes que me vinieron a la mente varios estudios sobre fisión nuclear. Del mismo modo que apareció, se desvaneció, creo yo que volviendo a su hogar en el inframundo.

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Categorías:hijos Etiquetas: ,
  1. Ismael
    13/10/2010 en 11:06

    Me parto con tus historias del parque

  2. 14/10/2010 en 09:38

    Sí, claro. Eso es porque no las vives en directo!!! 😉

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