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De padres gatos…

Con la vuelta a las rutinas propias de la temporada otoño-invierno, estamos de nuevo con las maravillosas aventuras de los parques infantiles.

El otro día (esto de tener sólo una neurona hace que recuerde sucesos, pero no cuándo ocurrieron; cosas de la edad) fuimos a los columpios “malditos”. Los moradores habituales no nos gustan, pero los “de siempre” ya se les quedan pequeños a las brujillas, así que, tomando unas tilas y haciendo un poco de yoga y relajación antes de ir, nos encaminamos a la zona de guerra.

Llegamos y, para nuestra sorpresa y alegría, vimos que estaban casi vacíos. Bueno, pensamos, un rato de tranquilidad. Así que pasamos la valla y nos quedamos dentro con las diablillas. La mayor se monta en el columpio y la pequeña, al dirigirse al que quedaba libre, ve en una esquina dos coches de niña de juguete “abandonados”. Como la pierde el empujar los carros, allí se dirigió. Cogió uno y se puso a pasear a los muñecos que había dentro.

Entonces veo aparecer casi corriendo a una abuela (creo que abuela), se va hasta la diablilla menor y quitándola el coche la dice “Es que lo quiere otra niña”. Se lo quita y se lo lleva a la que me imagino que será su nieta. La niña estaba a su bola, jugando con sus cosas. La abuela la insiste para que coja el carro y juegue con él. La niña pasa y sigue con lo suyo. Yo me empiezo a encender. Pero como me he prometido aguantar, respiro hondo y paso.

Al de un rato, la diablilla mayor y otra niña se acercan a otro carro. Para su desgracia, era de una niña del grupo de la abuela de antes. Inmediatamente, la madre de la dueña del carro se mete entre ellas y quita todos los juguetes del carro, dejándolas sólo una manta (ni siquiera muñecos).

Y de ahí viene el título: ¿cómo cohones van a entender esas niñas que es bueno compartir si ni sus referentes adultos lo hacen? Y digo que compartir es bueno, aunque sea mirándolo sólo desde un punto de vista egoísta: si algún día se me olvidan los juguetes o veo algo “más chulo” que lo mío y el resto de días he dejado mis juguetes, entonces podré pedir que me lo dejen.

Porque, además, cómo le explico yo a mi diablilla mayor que algunas madres son unas zorras arpías (y que por tanto sus hijas han salido igual, pobrecitas) cuando me viene y me pregunta con cara triste y voz débil “Papacho, ¿por qué esa niña no me deja jugar con la silla si la he pedido por favor? ¿No hay que compartir?”

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Categorías:hijos Etiquetas: , ,
  1. Ismael
    01/10/2010 en 13:35

    que bueno, es cierto, hay gente que le molesta que mires sus juguetes, a los niños se la suda lo que hagan con sus cosas cuando no están entretenidos con ellas.
    Que bueno, es cierto a Laura que es una especialista en coger cosas que no son suyas lo flipaba cuando era pequeña, no entendía.

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