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Muchas Gracias

Estas vacaciones he estado unos días en Santander con las dos diablillas. Sí, yo peleándome con las dos. Dejé a la MR en casa, trabajando pero descansando, que lo necesitaba, y me las llevé yo una semanita para que desconectasen.

La verdad es que ha sido mejor de lo que esperaba, y nos hemos apañado bastante bien. Pero esto da para otras entradas, y voy a lo que iba en esta:

Quiero dar las gracias a todas las personas que me ayudaron.

El viernes 13 (qué día, eh?) como amaneció lloviendo, llevé a las dos diablillas a un centro comercial que tenían un parque de bolas, ya que yo solo con las dos en una casa ajena toda la mañana (la “ayuda” llegaba por las tardes) podía hacer que Numancia fuese un juego de niños. Así que fui en coche para allí, aparqué, entramos, y cuando nos encaminábamos hacia la tan ansiada zona de juegos, la diablilla mayor se tropieza (no sé con qué, el suelo era liso) y se cae de morros, golpeándose la boca y haciéndose una avería en los labios.

El golpe fue considerable, y empezó a sangrar. Al susto de la caída se le sumó el miedo que pasaba la diablila cada vez que se tocaba los labios y se miraba la mano llena de sangre.

Pues bien, esta entrada es para dar las gracias a todos aquellos que se acercaron para ayudarme. Sé que posiblemente no leeréis el post, pero no porque sea un blog personal al que sólo entran conocidos, o que no tengáis acceso a internet, o a cualquier otro motivo que se me ocurra. No, el motivo por el que no leeréis esta entrada es porque, sencillamente NADIE SE ACERCÓ A AYUDAR.

Yo iba con una niña en la silla, mirándonos con cara de susto, y la otra en brazos, llorando desconsoladamente y sangrando de la boca (bastante) y con las manos con sangre de tocarse la herida. Lo único que obtuve fueron 2 servilletas de papel de un dependiente cuando me acerqué a su mostrador que me tendió sin casi mirarme (procurando no cruzar su mirada con la mía) y que me las ofreció para “limpiar la sangre que gotea”. No fuese que llenase de sangre el surtido de productos cántabros, y al tener que reponerlos el Corte Inglés entrase en pérdidas.

Bueno, realmente también recibí otra cosa que casi me enfadó más: miradas cargadas de reproche por parte de algunas personas (la diablilla, con el susto y el dolor no hacía más que llamar a su “mami”, pero la MR no estaba con nosotros). Y tal fueron las miradas que estaba convencido que alguien al final acabaría llamando a la policía para que me detuviesen por maltrato.

De verdad, gracias a todos por ayudarme a enfrentarme a un accidente como este solo. Sé que lo habéis hecho por mí, para que me sienta realizado y me llene de orgullo de padre por haber tratado bien la situación, haber curado a la diablilla y hacer, a base de cariños, que poco a poco se le fuese pasando la congoja.

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  1. Aún no hay comentarios.
  1. 24/08/2010 en 15:35

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