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ascensor

– Hola. ¿A qué piso? – preguntó Ismael cuando vio que entraba una mujer bastante atractiva al ascensor.

– Hola, el 13, por favor. – Contestó ella sin tan siquiera mirarle.

– Ups, perdone, pero yo ese no pulso, que me da mal fario. – Realmente no era muy supersticioso, pero estaba nervioso ya que acudía a una entrevista para un  trabajo que a priori se presentaba interesante y no quería que nada menguara sus posibilidades, ni siquiera una tonta superstición.

La mujer pulsó el botón sin decir nada, dando la espalda al nervioso futuro entrevistado. Ni siquiera una pequeña muestra de comprensión, compasión o desprecio. Nada. Ismael se sintió ligeramente sorprendido, ya que solía causar muy buena primera impresión entre la gente, especialmente a las mujeres, y llevaba uno de los mejores trajes que tenía en el armario, un Hugo Boss de raya diplomática, con la camisa a juego. Realmente se había vestido para impresionar a los entrevistadores, pero la indiferencia de su compañera de ascensor, unida al nerviosismo por la reunión le hizo aumentar la inseguridad que sentía después de llevar un tiempo considerable sin trabajo. Por todo ello, comenzó a darle vueltas a si realmente se había vestido acorde con la ocasión, o si se había olvidado de algo, o si realmente el traje no le quedaba tan bien como él pensaba, o si…

PHHHHhhhsssss… CLONK

El ascensor se paró de pronto, apagándose las luces normales a la vez que se encendía el minúsculo piloto de emergencia. La mujer siguió sin inmutarse, pero Ismael notó cómo su corazón aumentó el ritmo a más del doble. Lo único que tenía en mente era la entrevista y aunque iba con un generoso margen de tiempo, no sabía cuánto podría durar la avería. Quiso acercarse a los botones, para ver si aunque la luz no funcionara, alguno respondía, pero la mujer no se apartó, y esperando que ella pulsase alguno, se quedó en la parte de atrás.

Pero la chica seguía sin mover un solo músculo. No hizo ningún gesto, ni para acercarse a los botones, ni nada. Las piernas de Ismael empezaron a moverse por su cuenta de puro nerviosismo, y para intentar calmarlas se  puso a dar vueltas por el ascensor. Eso sí, siempre procurando dejar una distancia considerable, dentro de lo posible, con la estatua que le acompañaba.

Pasado un tiempo que a Ismael le parecieron horas aunque realmente no llegó a 5 minutos, la temperatura dentro del habitáculo comenzó a elevarse. Se podía notar cómo el aire se iba volviendo cada vez más pegajoso y esto unido con la ansiedad generada por el incidente, hacía que al chico le costase respirar.

De repente, la mujer se dio la vuelta, y a la vez que se comenzó a soltar la blusa con una mano, con la otra empujó a Ismael contra el espejo del ascensor. Con la camisa completamente desabrochada se lanzó sobre su boca y empezó a besarle apresuradamente. Ismael al principio no la correspondió, pero cuando las manos de ella comenzaron a desabrocharle la camisa, él empezó a acariciarla la espalda.

Estuvieron así unos momentos, como dos ansiosos enamorados comiéndose a besos. Entonces ella se separó, le soltó el cinturón, le soltó el botón, le bajó la cremallera y deslizó los pantalones un poco. Él cerró los ojos, concentrándose en las acciones de la mujer.

– ¿Estás bien? – se escuchó que preguntaba una voz de mujer

– ¿cómo? – preguntó Ismael, un tanto aturtido.

– Que si te encuentras bien. En el ascensor se ha empezado a notar más calor, y te has desmayado. Cuando lo han arreglado, te hemos sacado, pero estabas inconsciente. – le explicó su compañera de ascensor y a la vez rescatadora.

– Eh… estoo…. – Ismael no sabía qué responder, se pasó las manos por el pecho y notó que tenía la camisa desabotonada – no sé, el calor,… los nervios… – bajó las manos y tenía el cinto suelto.

– Tranquilo, Ismael. Si quieres dejamos la entrevista para otro día. Y te he soltado la ropa para que respirases mejor. Que pareces extrañado

– ¿qué?

– Te he reconocido por la foto de tu cv. Si no te encuentras bien, puedes volver mañana. Y no te preocupes por la ropa.

– Eh… pues… esto… Es que todavía no estoy bien recuperado.

– Vale, pues nos vemos mañana, a la misma hora. Lo siento, pero me tengo que ir. Te he traído agua. Quédate aquí hasta que estés mejor, vale?

– Bien, vale, hasta mañana.

– Por cierto, otra vez que te desmayes, por favor, intenta controlar esas manos, que casi me rompes los botones de mi blusa.

Descargar en pdf: Descargar 'Ascensor'

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