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¿Crisis, qué crisis?

Como las diablillas se van haciendo grandes y hay que ponerlas en algún sitio a dormir (la opción de la esterilla de Decathlon en el suelo, aunque muy buena para la espalda no está del todo admitida por la sociadeda) hemos decidido ir de tiendas a mirar muebles. Y vista la actitud de los vendedores me he acordado de este álbumnueva ventana de Supertrampnueva ventana, porque sinceramente parecía que les sobran los clientes y no hacen ningún esfuerzo por nada.

Información adicional: hemos ido con las dos diablillas, ya que dejarlas en el coche encerradas con el sol/calor que ha hecho no nos parecía del todo bien. Aunque estoy convencido de que a los dependientes con que nos hemos encontrado les habría gustado más esa opción.

Estuvimos en 3 tiendas. Y cada una nos sorprendió más que la anterior. También quiero dejar claro que no nes la primera vez que voy a mirar muebles (sería la 3ª ó 4ª vez que compramos mobiliario) y voy con los deberes bien hechos: he hecho un plano de la habitación con la planta y perfil de los elementos característicos: columna, ventana, puerta, altillo,… y con las medidas de todos estos elementos. Pero vamos por partes.

Entramos en la primera tienda, de 3 plantas. Estamos mirando el “directorio” donde se indica qué hay en cada una, y buscamos lo que nos interesa: dormitorios juveniles. Después de estar buscando un rato (en una planta estaban los “dormitorios” y en otra “Cocinas y Juveniles”, con lo que no sabíamos a qué se referían esos “juveniles”), decidimos ir a la planta de juveniles. En el momento en que comenzamos a movernos de nuevo, se acerca un dependiente que estaba en una mesa en la entrada y nos pregunta que qué queremos. A buenas horas. Pero bueno, todavía estamos con ánimos, así que le decimos lo que buscamos y nos indica dónde está. Y se vuelve a sentar en su mesa. A colorear con bolis unas hojas viejas. Nos miramos extrañados, pero pensamos que es para no atosigarnos y dejarnos mirar tranquilos. Vale. Miramos, vemos algunas cosas que nos convencen más o menos. Subimos de nuevo y el tipo está buscando catálogos en una estantería para nosotros. O eso me imagino, ya que no nos dice nada. Nos acercamos y al de un rato nos empieza a hablar. Y ya voy a lo que nos pareció muy triste: Nos enseñó unas fotos de catálogo y yo le enseñé el plano con las medidas, diciéndole que lo que queríamos era amueblar esa habitación, pero que no teníamos muy clara la idea, y que con esas medidas a ver qué se podía hacer.

– Podéis poner esto y esto. ¿Qué medidas queréis de cada cosa?

– No sé, lo que quepa y que quede bien, sin mucho agobio.

– Sí, ¿qué medidas queréis del armario?

– Pues algo que quepa bien, sin ocupar mucho.

– Sí, ¿pero qué medidas?

– De 1m.

– Vale. (lo apunta, busca en el catálogo y calcula unos “puntos” para saber el precio) ¿Y la estantería?

– No sé. Lo que quede bien según el plano ESTE.

– Sí, ¿pero qué medida queréis?

– La que quepa.

– Pongo esta. (más cálculos). ¿Y la mesa?

Y así se repitió con cada elemento del mobiliario. Lo único que le interesaba era hacer su presupuesto. Por más que le insistimos en que lo que queríamos era que nos diera ideas y que nos ayudara, nada. Lo único que le interesaba a este bicho (que además era un bicho) era sacar un precio. Y a poder ser sin tomar una sola decisión, no vaya a ser que se le queme la neurona.

En la segunda tienda, muy pija ella, el que nos “atendió”, lo mismo: su idea era hacer un presupuesto. No ayudar ni aconsejar ni nada, no. Pero claro, si tenemos en cuenta que este nos intentaba meter medio metro más de mueble de lo que cabía. Y todo por no echar ni siquiera un vistazo al plano. La MR le preguntó a ver si lo que había indicado cabía bien. “Sí, sin problemas”. MR, que estaba un poco escamada, le volvió a preguntar a ver si esa elección cabía en la habitación. “Sí, si hay algún problemilla, se soluciona”.

– Ya, ¿y cómo vas a solucionar el medio metro que falta?

– Ah, ¿medio metro? Es que no lo había mirado. Bueno, algo se hará.

¿Y para qué coj… crees que te traigo las medidas de la habitación? De todas formas, yo no entiendo mucho de muebles, pero recortar cerca de medio metro de una estructura, como que no me cuadra mucho. En fin. Que en cuanto nos dio el presupuesto, puerta y a por otra tienda.

Vamos a la tercera. Damos varias vueltas y ni nos atienden. Tengo que acercarme yo a la “oficina” y es que estaban viendo un partido de fútbol. Y no, no era el de España. tuve que meterme en la oficina y decirles a ver si nos podían ayudar. Me pareció vergonzoso. En flin, que sale un tipo, y le pregunto

– Hola, queríamos mirar dormitorios juveniles. Si puede ser con literas.

– ¿Literas? ¿Cómo literas?

– Pues no sé, de las literas de toda la vida.

Pero vamos a ver, señor vendedor, cómo cuhone un vendedor de muebles puede hacer esa pregunta!!!!

Al final nos enseñó un catálogo, que parecía que era la primera vez que lo veía:

– Si, literas tiene que haber por aquí… vamos a ver… sí, mira, aquí hay unas. Pero este fabricante no creo que tenga más…  ah, no, aquí tiene otras.

– ¿Y literas abatibles?

– ¿Qué? No, no, este fabricante no tiene.

– ¿y otro?

– Pues tendría que mirar.

– Vale (a qué está esperando?)

– Eh, estooo, voy a buscar otro catálogo.

Se va a la oficina. Vuelve con las manos vacías y nos dice.

– Sí, este fabricante sí que tiene, están aquí… a veerr…. mira, aquí hay otras literas normales.

– Bueno, ya nos hemos hecho una idea, gracias.

Así que llegamos a una conclusión: Sobran tiendas de muebles. Con el teléfono directo del fabricante, solucionado. ¿Pero de verdad quieren vender así? Con un esfuerzo mínimo quieren hacer el negocio del siglo. Luego se quejan de Ikea y cosas por el estilo: pero si se lo estáis poniendo a huevo. Incluso en Ikea aconsejan más.

Por cierto, como he dicho al principio, íbamos con las diablillas. Y sí, durante todo el rato que estuvimos en las tiendas estuvieron jugando, o cantando, o bailando, o haciendo la cabra. Eso sí, ni uno sólo de los dependientes las dijo nada, ni hizo ningún comentario ni nada. Que no digo yo que las monten una fiestas, pero jodó, un poco de trato con el cliente no viene mal.

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