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Esos engendros bajitos

Y sus familiares. Que suelen ser lo peor, y enseguida se ve que lo de “de tal palo tal astilla” es un refrán que suele acertar muchas veces.

Hoy estábamos en unos castillos hinchables que han puesto por nuestra zona. Como os podéis imaginar había unos cuantos cientos de millones de niños, y eso que están a pleno sol y con la que está cayendo no había quien aguantase. Bueno, no había quien aguantase de los adultos. Los enanillos ahí estaban dando brincos, saltando y corriendo y tan campantes. Sólo de verles casi te temblaban las piernas.

El caso es que estábamos en la cola para que la diablilla mayor se montase en uno de los castillos. Aunque realmente esa era la segunda cola que hacíamos. En la primera, después de llevar un rato esperando, cuando ya nos iba a tocar y ha visto que los que estaban dentro estaban jugando a algo que parecía una mezcla de “Pressing Catch” y lucha grecorromana ha dicho que no quería montarse, y mirando, ha visto que el otro castillo era más para niños, así que otra vez a hacer cola.

A lo que iba, que me voy por las ramas.

Estando en la cola del castillo, me fijo que por detrás están las hijas de las arpías, así que ya estoy con la mosca detrás de la oreja. Y como suele pasar en estos casos, los niños en general, intentando colarse. Pero mira por donde, que algo que nunca pensé que iba a pasar, sucedió: Le tengo que dar la razón (en parte) a la cuadrilla de las arpías!!!

Y es que en la fila había un cacho cabr*n con pintas niño. Y al angelito se le debía haber colado alguna de las mini arpías (o eso dijeron, no presté atención a quién estaba delante y quién detrás). Sea como fuere, el enano empezó a pegar a una de las niñas, pero no pegarlas normal, no. ¿Os acordáis de la pelea final de Karate Kid II?

Pues el jodío bruto la pegaba igual, con los dos puños, girando el cuerpo a un lado y a otro. Entonces apareció la madre del churumbel, y en lugar de reñirle al mierda niño ese, coge a la otra niña y la aparta de la cola y la echa para atrás. Yo pensaba que serían hermanos, por cómo trató la madre a la niña. Y luego el crió, ya con su posición recuperada por la decisión de los jueces (tengo que dejar de ver tanta F1) siguió pegando a la otra, y llamándola “colona” a la vez que le clavaba (con fuerza) el dedo índice en la cara y en el cuello. A todo esto, la madre de la perla de chaval estaba al lado y no decía nada. Yo estaba alucinado, pero como pensaba que eran hermanos, pos ná.

Pero luego llegaron las verdaderas madres de la cría, y empezaron a discutir con la madre de la bestia. Que si “a mi hija no la zarandeas”, que si “ella se ha colado”, que si “tu hijo se ha dedicado a darle de leches”, que si “mi hijo no pega”,… Hasta tal punto que estuvieron a nada de llegar a las manos: Lo típico de señalarse ambas madres con el índice a escasos milímetros de la cara, con los siempre recurrentes “a mí no me señalas que te parto la cara”, “pues tú a mi hija ni se te ocurra tocarla que te rompo los dientes”, “como te acerques más, te pego de hostias”,… Sí, todo esto delante de los niños. Qué buen ejemplo.

Y quien al final paró la discusión, más o menos, fui yo. Pero no por meterme a separarlas ni nada, si no porque el malcriado se había colado, había entrado en el castillo hinchable y se estaba dedicando a dar patadas a mi diablilla. Y ésta, que cuando hay confianza no se corta, con otros niños se “apoca” y no contesta a las agresiones. Intenté parar al enano, pero nada seguía pegando patadas e intentando saltar encima de mi hija (que estaba sentada en el borde para poder quitarla los zapatos). Así que tuve que acercarme a la discusión, y gritarle (estaba tan alterada que no me oía) a la madre que “por favor controlase a su hijo, que se había colado y que estaba pegando a la mía. ” En ese momento me convertí en el “ídolo” de las arpías, ya que (sobre todo una de ellas) empezó a aplaudir diciendo “ves, hay otro padre que dice que tu hijo sí que pega”. El caso es que el enano siguió pegando a otros críos de la cola. Eso sí, una vez dentro del castillo, una vez se acercó a la diablilla. Hizo un gesto. Le miré y le dije: tú, ten cuidado. no se volvió a acercar a mi enanilla. A otras sí, pero a ella no. (Me había visto con ella en la cola)

El caso es que, resumiendo, si tu hijo está pegando a alguien, y como respuesta a sus actos tú haces algo parecido a la persona que está recibiendo esos golpes y luego le sacas la cara ante los demás, sin chillarle, castigarle o indicarle que lo que hace está mal, lo normal es que persista en su actitud y que cada vez vaya a más.

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