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Qué si no?

Pensaba que me iba a librar, pero he caído. Aunque en mi descargo he de decir que ha sido después de investigar, así que igual tengo menos “culpa”. O eso quiero creer.

Ah, que todavía no he dicho de qué estoy hablando. ¿Y el título no os dice nada? Trataré de ponerlo en el idioma original, a ver si con esa pista es más fácil: … What else?

¿Ahora? ¿Tampoco? Bueno, pues preguntadle a George Clooneynueva ventana a ver qué os dice.

¿Ya? Pues eso, que he caído en el mundo Nespressonueva ventana. Y sí, es un mundo. Un mundo pijo pero un mundo al fin y al cabo. Eso sí, para limpiar un poco mi conciencia, aquí va un pequeño análisis de por qué al final me he decidio por este sistema.

Primero, en este post pondré un poco de historia, y en los siguientes (si hay, que nunca se sabe cuándo se va a acabar el mundonueva ventana)

Hasta no hace mucho, no tomaba nada de café. La verdad es que no me gustaba ná de ná. Y esto solía ser un problema, porque hace unos años, cuando uno tenía que sentar las bases ante el resto de la manada e indicar quién mandaba (vamos, en los años de universidad y demás) perdías muchos puntos si por la mañana te pedías un vaso de leche. Si ya te tirabas a la piscina y lo que pedías era un Cola-Cao, podías dar por perdida toda tu reputación. Así que todavía me acuerdo cuando el primer día de la uni, cuando estábamos un grupo que apenas nos conocíamos y todos pidieron unos cafelitos en el bar que más tarde sería nuestra casa (qué tiempos aquellos) noté cómo las cabezas se giraron para mirarme disimuladamente al decirle al camarero, a eso de las 8:00 AM que me pusiese una cerveza.

Pero bueno, una vez pasados los años tontos en los que tienes que demostrar a los demás que eres como te gustaría que ellos pensansen que eres y no como realmente eres (o algo parecido, no sé, a estas horas todavía no coordino bien los dedos con las teclas) ya podía pedir un Cola-Cao (¿por qué nunca tienen nesquick, si es mucho mejornueva ventana?) sin que mi reputación bajase (también porque o bien ésta era inexistente, o ya había bajado tanto que ya no podía ser inferior).

Todo estuvo bien durante un tiempo. Hasta que llegaron las diablillas y segun ellas entraron por la puerta, las horas de sueño se escaparon asustadas por la ventana. Así que empecé a tomar café, más que nada para poder mantener los ojos abiertos, ya que entre los madrugones durante la semana para el curro y que los fines de semana no puedo recuperar, iba arrastrando un poco de sueño.

Además, fiel a mi estilo de: “Ya que lo haces, hazlo bien”, cuando me fui a preparar mi primer café pasé de echar una miajina, para oscurecer un poco la leche. Me preparé un café de esos que te levantan la boina: El equivalente (según la cafetera) a unos 3 cafés normales.

Desde entonces (hace ya un par de años, creo) me he hecho más o menos aficionado al café. Y estos son los preliminares, ahora, en los próximos posts, si los hay, iré comentando los pros y contras de cada sistema para hacerse el café.

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