Ni lo sé ni me importa
Hace unos cuantos días que no comento nada de usaurios ni demás fauna del apasionante mundo de la informática. Y no es que no haya historias, si no que la mayoría tienen que ver demasiado con problemas concretos. Pero hoy os voy a contar algo que, a pesar de tener que ver con una aplicación interna, deja bien claro el tipo de usuario que pulula por las empresas y contra el que tenemos que luchar muchas veces.
Viene el usaurio Modosillo, echando espumarajos por la boca. Pero no, no es que esté enfadado. Su neurona no llega a tanto. La babilla que suelta por la boca no es por mala leche, si no por la incapacidad de andar y controlar la saliba a la vez, con lo que se le quedan por la comisura unos restos blancos que hacen que sea bastante asqueroso mirarle a la cara. Por suerte, los informáticos tenemos fama de que no poseemos grandes dotes sociales, así que puedo hablar con él sin desviar la mirada de la pantalla.
- Qué es lo que ha pasado con esto.
- Hola, buenas. Teniendo en cuenta que no sé lo que es “esto”, como que no te puedo decir nada. - Mentira, sí que lo sé, ya que sólo maneja una aplicación, pero me gusta escuchar los engranajes de esa pobre neurona.
- Pues con este pedido, que está raro.
- Igual es que hoy se encuentra mal. Le has preguntado qué tal ha dormido?
- ¿Qué?
- Nada, que a ver qué le pasa, por qué está raro.
- Pues no sé, pero no está normal.
- No, si ya me imaginaba que estar raro era no estar normal, ¿pero algo más concreto?
- Pues que el pedido estaba ya recibido y “matado”, y ahora está pendiente de recibir.
- Vale… a ver… Sí, mira, lo habéis marcado como recibido y todo, pero luego lo habéis echado para atrás.
- ¿Y eso cómo lo sabes?
- Básicamente porque he entrado en el pedido y me leído la pantalla. Mira, donde pone histórico, ves?
- Bueno, vale, pero a ver por qué si está recibido, ahora está pendiente.
- Como ya te he dicho, porque lo habéis hecho vosotros. Mira, ¿ves estas letras? ¿Donde pone tu nombre al lado de “pasado a pendiente de recibir”?
- Sí, y qué.
- Pues que eso me dice que el que lo ha marcado como pendiente eres tú.
- No, si ya sé que lo he hecho yo. ¿Te crees que no sé lo que hago?
- Yo no me creo nada. Es lo que me has preguntado.
- El problema es por qué me deja hacer eso.
- Muy sencillo, porque lo habéis pedido vosotros.- Yo también me pregunto quién decidió en su día dejarte un ordenador, pero bueno.
- Pero no tendría que dejar. Si el pedido está entregado, está entregado. Punto.
- No, si a los usuarios normales no les deja. Pero uno de los cambios que habéis solicitado es que a vosotros, los administradores de la aplicación, os permita modificar el estado independientemente de cómo esté.
- Pero no tendría que dejarnos.
- Ya, ¿y si un usuario se confunde y hay que echar para atrás algo?
- Te lo decimos a tí.
- Ya, por eso. Después de que estuvieseis diariamente mareando con esos cambios, se solicitó que pudierais cambiar el estado, para no tener que depender de mí. ¿Te acuerdas del jaleo cuando me fui de vacaciones?
- Pero es que nosotros no deberíamos tocar eso.
Ni eso ni nada que sea medianamente electrónico, excepto una silla eléctrica.
- Ya, pero es que vosotros sois los que administráis la aplicación. Es vuestro trabajo.
- Pero es que tendría que aprenderme cómo funciona la aplicación.
- Hombre, teniendo en cuenta que es la única que manejas y que casi todo tu trabajo depende de ella, no estaría mal.
- Pues yo no voy a aprender cómo funciona.
- No, si con eso ya contábamos, por eso al pulsar el botón pide confirmación, explicando lo que puede pasar, mira.
- Noooo, no pulses el botón, que lo descuadras!!!!
- Tranquilo y lee el mensaje. Y luego mira que tienes dos opciones “Sí” y “No”.
- Vale. Pues quita el botón, para que no vuelva a pasar eso.
- Que no, que el botón no se quita. Si quieres, no lo uses, pero no se quita.
- Pues no voy a usar la aplicación. Y voy a decir que es porque no has hecho una buena aplicación.
- Hombre, puedes decir eso, pero teniendo en cuenta de que la usan en casi toda la empresa y al único usuario que le da problemas es a tí, no sé yo cómo ibas a quedar.
- Pues… no voy a aprender a usarla. Y te estaré mareando todos los días con problemas.
- Vale. Lo único que sepas que tengo que reportar mis horas. Y claro, una consulta de año en año no lo imputo, pero si son muchas tendré que reflejarlo en algún sitio.
- Pues…. pues…. adios.
- Venga, adios.



[me] han dicho…