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Incivismo

25/04/2012 2 comentarios

Hace unos días que he tenido que dejar mi habitual forma de movilidad para ir a trabajar y he vuelto al (maravilloso, genial, impresionante) sistema de transporte público de Madrid.

Sí, justo ahora que suben (una burrada) las tarifas.

Una de las cosas buenas es que mis horas de utilización no son las habituales del resto de mortales, y así consigo evitar las aglomeraciones que en otras épocas he tenido que sufrir.

Pero a lo que iba, que me distraigo. Otra de las (tantas) cosas que me ponen de los nervios son las vacas del STP (no, no me refiero a los Stone Temple Pilots, o a los Servicios Técnicos Portuarios, si no al Sistema de Transporte Público). Con este apelativo no quiero denigrar a los pobres bovinos, que bastante tienen con aguantar que les saquemos la leche, les hagamos filetes y nos los comamos, no. Lo que quiero dar a entender es a ese grupo de gente que cuando se monta en un medio de transporte parece que emplea su única neurona en no defecar en medio de todos. Y no siempre lo consiguen a juzgar por el olor.

Por un lado, están los que se lanzan a por los asientos libres y se pierden en su inmenso espacio interior o incrustan la nariz en cualquier papel con letras que lleven en las manos (sirve tanto un periódico gratuito como los ingredientes de un Tigretón), todo para no levantar la vista y cruzar su mirada con la de una embarazada o alguien mayor que vaya de pie y se vean en la obligación moral de cederle el asiento. Aunque la gestante les pegue con su tripa en la cara no se dan por aludidos.

Pero otro grupo que me gusta más aún si cabe son los… cómo definirlos con una palabra… ya: los espantapájaros. Donde aterricen ahí se quedan, y el serrín de la sesera no les deja discurrir que igual no estaría mal que se apartasen un poco para dejar pasar a las personas que desean bajar o montar en el vagón. Una variante de éstos son aquellos que, esperando en el andén, se plantan delante de la puerta sin dejar salir a los viajeros que quieren abandonar el convoy, y ni se mueven ni dan señales de vida (inteligente).

¿Se te ocurre alguna tribu más que tenga su hábitat natural en los trenes o autobuses de esta nuestra Comunidad?

Cajeros

02/02/2012 1 Comentario

Hace tiempo leí un artículo en un bló que me pareció un pelín exagerado (no mucho, pero sí un pelín). Pero, ayer me acordé de todas y cada una de las palabras. Bueno, no tanto, que con mi memoria, con recordar que había leído algo sobre eso, me podía dar con un canto en los dientes. Eso sí, con cuidado, que duele.

A lo que iba, que ayer, cuando fui a un cajero, me acordé de muchos familiares. Míos no, si no de los que habían decidido las nuevas “mejoras”. Y tuve mucho rato para dedicarles.

Voy al cajero, y hay dos entidades una al lado de otra. Como en cualquiera de las dos no me cobran por sacar y una está ocupada, voy a la otra que no diré la entidad a la que pertenece.

Así que entro en el cajero de la Caixa ( ;-) ), meto la tarjeta, y cuando me dispongo a teclear el 7345, mi número secreto*, lo que aparece en la pantalla es… un anuncio. Sí, con un par de cuhone, un jodío anuncio. Además, me imagino que la animación (tipo flash) la habrá realizado un súper estudio de diseño en un pedacho iMac. Y seguramente será algo impresionante, pero cuando lo tienes que instalar en un ordenador con menos memoria y procesador que un móvil de hace 10 años, lo que consigues es que en lugar de animación lo que veas sea una secuencia (muy espaciada) de imágenes estáticas. Pero si tenían más animación esos dibujos que había antes en las esquinas de algunos tebeos que veías “moverse” si pasabas las páginas muy rápido!!!

Luego, cuando después de unos segundos de espera hasta que se carga la pantalla, busco los botones para saltarlo, tengo que esperar más hasta que los muestra. Y luego elegir entre “saltar publicidad” o “más información”.

La próxima pantalla me sorprende (gratamente), porque puedes elegir directamente el importe a sacar, pulsando los números de un teclado de plástico, roñoso, con grumos, medio arrancado, que me imagino que como un ciego intente sacar dinero, si acierta con la cantidad le dan un premio. Por suerte, yo puedo ver los números, así que marco el dinero que necesito, doy a continuar (por cierto, el continuar no está en el teclado, si no que se encuentra en la pantalla táctil, otro acierto para personas con discapacidad).

Y entonces, otra pantalla de publicidad. Que como la anterior, tarda en cargarse varios segundos (casi 20). Y una nueva pantalla para preguntar de dónde quiero sacar el dinero (Cuenta Corriente, Ahorro,…). Selecciono, y… sorpresa, un nuevo anuncio.

Se cambia el monitor y me informa que mi entidad no me cobra comisión por esta operación. Y siempre que leo esa frase mi cabeza añade al final: “por ahora”.

Para amenizar mi espera, se refresca el monitor con un nuevo anuncio.

Pasados unos segundos, se vuelve a cargar una pantalla preguntándome a ver si quiero consultar mi saldo después de la operación actual. Digo que no. Veo otro anuncio y ya cuando por fin va a salir el dinero y mi tarjeta, otra pregunta: ¿quieres recibo? (piensa en el medio ambiente). Como me imagino que el recibo puede suponer más espera y 2 ó 3 páginas adicionales de publicidad impresa, respondo que no. También porque las diablillas me están esperando fuera y después del rato que llevo, a parte de impacientarse, se ha creado una cola considerable.

Resumiendo: unos 5 minutos para una operación que en otros cajeros hago en 1 ó 2. ¿Cuándo se ha asociado esta entidad que no diré que es la caixa (o caixabank, o como se llame ahora) con antena3? Además, toda esa publicidad tiene el efecto contrario al deseado: no me acuerdo de nada y si tengo que contratar algo, sería la última entidad a la que acudiría (bueno, de las últimas, porque se pelean todas entre sí por ponerse a la cola)

*No, ese no es mi número, que soy cazurro, pero no tanto.

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Circular en glorietas

18/01/2012 Deja un comentario

O rotondas, o como se quiera llamar. Concretamente las de más de 1 carril.

Esto es una asignatura pendiente de un porcentaje muy elevado de los conductores.
Señores, circular en una rotonda de más de un carril es exactamente igual que una carretera con una curva:
Se debe circular SIEMPRE por el carril de más a la derecha posible. Y si se va a abandonar la vía para incorporarse a otra se debe usar el INTERMITENTE (que esto dará para otra entrada, seguro).
En el caso de que se circule por el carril (o carriles) del interior, NO SE DEBE salir a machete por la salida que más nos convenga, especialmente si hay un coche en el carril de la derecha. Hay que anticiparlo y colocarse en el carril derecho ANTES de que llegue nuestra salida.

Esto, tan sencillo, en la vida real es realmente difícil de ver. Los que hacen las glorietas rectas con mayoría. Quienes se cruzan delante de otros porque ellos lo valen son legión. Quienes se olvidan de los intermitentes son el 99%.

De hecho, tan peliagudo se ha vuelto el tema de las rotondas que se ha empezado a realizar una acción defensiva incorrecta: poner el intermitente izquierdo para indicar que NO vas a salir de la rotonda. Pero aunque no sea lo mejor, yo también lo suelo hacer, ya que evita accidentes de los josde… que van por el carril de dentro y salen cuando les apetece porque “la mayoría de la gente hace eso”.

Pero por si esto fuese poco, tenemos a los que se encargan de diseñar las carreteras y se levantan con el día jashondo y dicen: mira, como ni $deity sabe circular en una glorieta, lo que voy a hacer es defenestrarlos: la vía que llega a ella la pongo de 3 ó 4 carriles, pero la rotonda la hago de 2, y que se apañen como puedan. Y voy a poner una cámara para grabar los accidentes. Y subirlos a youtube.

Y de esas conozco varias.

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Amenizando el cine

12/01/2012 Deja un comentario

Siguiendo con la nueva sección de cosas que me sacan de quicio, y después de seguir el enlace, hoy voy a descargar mi ración de mala gaita contra la gente que no sabe dónde entra cuando va al cine.

No sé si es que mi MR y yo somos raros o qué, pero cuando vamos a ver una película al cine lo que nos suele gustar es ver la película. Y quiero desconectar del resto durante las 2 horas que dure. Por ello, para ir “preparándonos”, nos gusta llegar antes. Generalmente unos 10 minutos antes, para hacer todo lo necesario antes de que empiece: ir al baño, apagar/quitar sonido de móviles, organizarse con la ropa (sobre todo en invierno),…
Lo primero que me saca de quicio son esos que entran, se paran en la escaleras y uno pregunta:
“Oye, ¿qué asientos tenemos?”
su compañero contesta:
“Es igual, siéntate en cualquiera y si vienen los de ahí ya nos moveremos”
Pero es que además esta fauna siempre coincide que se sienta en las butacas de mi segundo grupo favorito, los que llegan 10 minutos tarde. Así, tienes un baile de personas cuando ya ha empezado la película que no hace más que incordiar, porque además siempre (sí, siempre) entran por el lado de la fila más alejado de sus asientos.

Otros incívicos que merecen mención son los que ponen los pies en el cabecero de la fila de delante. Aunque, todo hay que decirlo, algunos tienen el detalle de quitarse los zapatos para no manchar.

Más “amenizadores” de la velada son los que no pueden soltar el móvil en ningún momento, que no sé si es que lo están grabando todo, twitean cada frase, o qué. Pero el caso extremo es el de hace poco, que se pasó la película entera con el móvil pegado en la oreja escuchando un partido de fútbol.

Siguiendo con grupos de indeseables, están los que parece que no han comido en la vida. Vale que entres con palomitas y bebida o algo más, pero a poder ser, cosas que “no ronchen” (Faemino y Cansado Tm), por favor. Pero es que he coincidido con gente que saca de la mochila bocadillos con su papel de aluminio, latas y cosas para picar. O hasta gente entrando con la caja de Telepizza.

O padres que tienen muchas ganas de ver una película pero no tienen con quién dejar a los hijos. Y claro, ver Enredados con niños gritones puede ser normal y admisible, pero ir a ver Asesinos de Élite con peques de unos 5 años me parece como para sacarles del cine a rastras. A los padres.

Pero creo que muchos de estos problemas se arreglarían si, como antaño, volviesen los acomodadores. La gente se sentaría en sus asientos, no se instalarían como en sus casas, se hablaría más bajo y se controlaría el el uso del móvil, no se permitiría entrar con comida de fuera.
No, espera, esto último ya lo hacen: sólo te dejan entrar con comida comprada en el bar/tienda del propio cine, varios euros más caro de lo normal. Y lo del móvil también… siempre que parezca que estás grabando la película. Si “sólo” hablas, no te dicen nada.

A ver si al final va a ser que la culpa de que la gente prefiera ver el cine en su casa no va a ser sólo de la piratería, si no también de que los cines se han convertido (o los están intentando convertir) en una máquina de hacer dinero sangrando a los asistentes. Y no soy el único que lo piensa.

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Cosas que… [me] tocan las narices

30/12/2011 Deja un comentario

Nueva sección, que creo (y espero) que sea de largo recorrido. Más que nada porque tengo mala leche para dar y regalar.

Lo primero (y creo que dará para diversas entradas) tiene que ver con las carreteras:

¿Quién leches es el que inventó las pinturas que usan como marcas viales?

M’explico. Siempre que hay obras en las carreteras pasa lo mismo. Y si es como en la M30 de Madrid, la A1, o la A8 en Bilbao, el problema se puede convertir en un peligro importante. En estos casos, como las obras son considerables, tienen que hacer nuevos carriles y en ocasiones, de un día para otro te añaden carriles, te quitan otros, meten curvas nuevas,… Así que echan chapapote encima de las anteriores marcas y dibujan las nuevas amarillas. Y cuando acaban las obras vuelven a echar el alquitrán ese en las amarillas y vuelven a pintar las blancas.

La idea en sí no es mala. Es decir, mientras duran las obras, líneas amarillas, cuando se acaban, líneas blancas. Bien. Sólo hay un pequeño inconveniente: la pintura negra con la que tapan las marcas viales que no sirven se ve mejor que las que sí son válidas dependiendo del tiempo que haga. Si hace sol, llueve o es de noche (es decir, el 90% del tiempo), las que mejor se ven son las que en teoría no se deberían ver.

Así, hay muchas veces que circulando por zonas de obras en lugar de los 2 ó 3 carriles de 50 metros atrás, tienes 5 o hasta 6 carriles. Y si a eso juntamos las “chicanes” que suelen montar para esquivar maquinaria y demás eso se convierte en la carretera del infierno.

Desde aquí pido a Fomento, Obras Públicas, la DGT, Interior, titanlux o quien sea responsable que intenten arreglar esta situación. Igual se sorprenderían de la reducción de accidentes.

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